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Full text of "El padre Juanico : drama en tres actos y en prosa"

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C í^ o 17 

b ii J i 

EL, TEATRO 



COLECCIÓN DE OBRAS DRAMÁTICAS Y LÍRICAS 



EL PADRE JUANIGO 



DRAMA EN TRES ACTOS Y EN PROSA 



ORIGINAL DE 



ÁNGEL GUÍMERA 



M'qXt, 



V 



y&^s 



e.- 



¡SKaO©* 



MADRID 

FLORENCIO FISCOWICH, EDITOR 
¡Sucesor de Hijos de A.Qullónj 
PEZ, 40.— OFICINAS: POZAS,— 2— I o 

1698 



ñ 



EL PADRE JUANICO 



Esta obra es propiedad de su autor, y nadie po- 
drá, sin sti permiso, reimprimirla ni representarla 
en España y sus posesiones de Ultramar, ni en los 
paises con quienes haya celebrados ó se celebren en 
adelante tratados internacionales de propiedad inte- 
lectual. 

El autor se reserva el derecho de traducción. 

Los comisionados de la galería lírico-dramática 
titulada EL TEATRO, deD. FLORENCIO FISCO- 
WICH, son los exclusivamente encargados de conce- 
der ó negar el permiso de representación 3^ del cobro 
de los derechos de propiedad. 

Queda hecho el depósito que marca la ley. 



IL 





DRAMA EN TRES ACTOS Y EN PROSA 



OEIGINAL DE 



ÁNGEL GUIMERÁ 



Estrenado en el TEATRO ESPAÑOL la noche del 18 de 
Marzo de 1898 



.iSS&Jsha 



mwm* 



MADRID 

«t. Velasco impresor. Marqués de Santa Ana, 20 
Teléfono número ff/ 

1898 



REPARTO 



PERSONAJES ATORES 

R0S( ^ Sea. Gueeeeeo. 

TERESONA Guillen. 

PAULA Srta.Cancio. 

CLIMENTA , ••• S0BIAN0 - 

FELIPA Comendador. 

PASCUALA GÓMEZ - 

EL PADRE JUANICO Se. Donato Jiménez. 

0NI Díaz de Mendoza. 

HILARIO.". Urquuo 

JORGE •• ClKEEA - 

LUCAS T0EKEK - 

SILVESTRE Robles. 

LLORENSÓ Mart1 

MATÍAS MONTENEGRO. 

Mozos y mozas de pueblo 



La acción en un pueblo cerca de Barcelona.— Época actual 




ACTO PRIMERO 



Sala en la planta baja de una casa rectoral. Ventana con reja y ho- 
jas óe madera, al foro centro. En el foro derecha puerta grande, 
que las hojas abrirán á la escena. En primero izquierda, puerta 
grande que comunica con la iglesia. En la derecha otra puerta 
con escalinata interior, que comunica con otras habitaciones de 
la rectoría. Telón de aldea á todo foro. Cuadros religiosos, etcé- 
tera. Sillones y sillas de baqueta, mesa grande de nogal y en ella 
objetos de iglesia, ele. 



ESCENA PRIMERA 

TERESONA está limpiando objetos de iglesia. Después HILARIO por 
la iglesia, lK\ "levantarse el telón óvense las campanas tocar^ 

Ter. Gracias á Dios: ya está limpio; si parece de 

plata; ¡nada, que una se puede ver en él 

COIilO en U11 espejo! (Mirándose en el pie del can- 

deiero.) ¡Qué cara tan grande! ¡Reina del cie- 
lo, parezco un monstiuo! ¡Hilario, Hilario! 

(Levantando la voz. En este momento cesan las cam- 
panas.) Como no tengo costumbre de estar 
aquí sola, me da miedo. ¡Hilario! ¡Hermano! 

Hil. (viene por la izquierda.) No grites, mujer, que 

estamos en la rectoría. 

Ter. ¡Y qué! Estamos en nuestra casa. 

Hil. Vaya un orgullo que has echado, Teresona, 

y todo porque han nombrado párroco á nues- 
tro hermano Pues no está bien ese orgullo, 
porque ahora es cuando hemos de dar ejem- 
plo de humildad y. . y de qué sé yo. 



668619 



Ter. Todo eso se lo cuentas á los otros, que coi* 

nosotros no reza. Tú y yo á mandar, á man- 
dar en todos. ¿No manda nuestro hermano?' 
Pues nos toca mandar á nosotros; que dema- 
siado hemos ido de hocicos por el suelo. 
Conque lo dicho, que la Paula se muera de 
envidia y que todo el mundo se muera de- 
envidia. 

Hil. Pero hay que disimular, mujer, que no vean 

que nos esponjamos por eso del hermano. 

Ter. (Que ha continuado limpiando.) Mira, mira, qué 

Cara tengo. (Miíandose en una pieza de metal, y 
riendo.) 

Hil. Te he dicho que no rías tan fuerte. 

Ter. Chico, ya se murió el que á mí me man- 

daba. 

Hil. Pues por lo mismo no deberías estar tan 

alegre. 

Ter. Como si tú te acordases tanto de tu mujer. 

Hil. jPero si hace siete años que está en la glo- 

ria! 

Ter. Y mi marido nueve; fué por la Cahdelaria... 

(como echando cuentas.) Sí; por la Candelaria. 

Hil. ¡Mira tú que son cosas! Que cuando venga 

nuestro hermano y nos juntemos los tres, 
va á parecer que se han vuelto los tiempos,, 
y que otra vez los tres somos chicos y Ios- 
tres solteros. 

Ter. Y qué bofetadas os daba yo; ¿te acuerdas?' 

(se rien los dos.) ¡Ay, señor, qué mudanzas y 
en qué poco tiempo; si parece que el otro 
rector, el Padre Ignacio, está todavía ahí; si 
parece que le veo! 

Hil. Que Dios le tenga en el cielo. Ya lo decía él: 

que este mundo era una noria, y al empezar 
la vuelta se va cabeza arriba, y al acabar ia. 
vuelta se va cabeza abajo. 

Ter. Pues ahora nosotros vamos cabeza arriba, y 

mandamc s en todo el mundo, y mandamos 
en la Paula. 

Hil. ¿Y por qué tienes tú tanta malicia contra 

la Paula? 

Ter. Pues porque siempre se la he tenido. Cuando 

éramos chicas, en la escuela nos arrancaba- 



mos el pelo. Y ya mayorcitas, un día en el 
baile, le puse el pie y fué al suelo, pero lo 
tuvo merecido, que me quitaba todas las pa- 
rejas y no me dejaba bailar. Es una vanido- 
sa y no tiene motivo j^ara serlo; que su ma- 
ndo es jugador y mala persona. ¡Ea! Te digo 
que la Paula y yo siempre estaremos en con- 
tra una de otra. Ahora ella es de nuestra se- 
ñora del Rosario; pues yo por lo mismo soy 
de San Francisco; y de San Francisco he de 
ser aunque me ahorquen. 
Hil. No seas rencorosa. 

Ter. ¿Qué.entiendes tú de eso? ¡Ea! Ayúdame. 

Hil. ^Ayudándola.) Pero si yo no sé. 

Ter. Muévete hombre. 

Hil. ¿Quién nos había de decir que íbamos á ver 

á Juanico, verdad? 
Ter. ¡Juanico, vuelta á Juanico! 

Hil. ¿Pues qué? 

Ter. Que ya te lo tengo dicho, que ya no se llama 

Juanico. ¡Se llama el párroco! El señor pá- 
rroco. Pero tú, nada; aún no había desem- 
barcado nuestro hermano... y tú antes de de- 
cirle Dios te guarde, empiezas con Juanico 
por acá, Juanico por allá. 
Hil. ¡Pues qué sabía yo lo que me hacía! Si con 

aquel gozo que me daba me hubiera comido 
á besos y abrazos al hermano de mi corazón. 
Ter. Toma, en eso yo lo mismo; como que si no 

nos agarran, los tres nos caemos al agua he- 
chos una pelota; pero mira, mira la hora, no 
lleguemos tarde. 
Hil. Si el tren no llega hasta las dos. (reresona si- 

gue limpiando.) Pues te digo que también nues- 
tro hermano es terco; se empeñó en que 
hasta hoy no había de venir. Y que dice 
que le va á dar mucho movimiento de la 
sangre y mucho golpeteo del corazón eso de 
volver al pueblo después de tantos años. 
Ter. ¡Y con qué respeto van á mirar todos al se- 

ñor párroco! 

Oye, Teresona, ¿te acuerdas cuando Juanico 
guardaba bueyes en la masía del Rosario? 
¿Te acuerdas qué angustias pasó? 



Hil. 



— 3 — 

Tek Pues ya pasaron las angustias. 

Hu ' Pues á él no se le olvida, que siempre que 

hablaba de ello en sus cartas, cuando estaba 
en América, y cuando supo la muerte de 
Inés, ¡vamos, que tuvo pena! ¡Una pena muy 
grande! 

Ter. Como que tú siempre le estabas recordando 

esas cosas. 

Hil. Como que si la pobre Inés no se muere, 

Juanico no vuelve de las Américas. 

Ter. Dale con Juanico. 



ESCENA II 

TKRESONA, HILARIO, PaTLA. Desde la ventana con unos jarros 
para flores 

Paui a ¿Cuándo llega el Padre Juanico? 

Ter. Anda, es la Paula. >■ :'' .v. . 

Paula ¿Que cuándo llega el Padre Juanicoi» 

Ter. El señor párroco llega dentro de dos horas. 

PaüLA Voy á entrar. (Dice esto desde la ventana.) 

Hil Me voy á la iglesia. 

TEk. (Agarrándole por la ropa.) Aquí quieto, qU6 no 

quiero estar sola con ella. 
Paula ( (intrátelo.) Vengo yo misma á traer los 3a- 

rros; no íne los fueran á romper. 
Ter <? Y para qué son los jarros? 

Paut a Pues para el altar mayor. ¿No te acuerdas 

que mañana es la fiesta de la Virgen del 
Rosario? 
Ter. Mañana es la fiesta de San Francisco. 

Paula Nuestra señora del Rosario es mañana. 

Ter. San Francisco es mañana; esas cosas las sa- 

bemos en la rectoría mejor que nadie. 
Hil. Ya se arreglará todo cuando llegue nuestro 

hermano. 
Paula Bueno; pues aquí dejo los jarros. Y luego 

vendrán las muchachas de la cofradía con 
las flores para el altar mayor. (Teresona quiere 
hablar. Hilario se lo impide.) Y al obscurecer, 

con el señor cura, irán todas á la masía del 



- 9 — 

Rosario á buscar la Virgen; porque es la 
Virgen de la fiesta, que para eso la guarda- 
mos en casa, para traerla aquí en tal día 

COniO hoy. (Con intención.) 

Ter. Todo eso está bien; sino que este año la 

imagen que guardáis en vuestra casa tendrá 
que esperar un poquito para que se haga la 
fiesta de todos los años. Porque tal día como 
mañana la fiesta es otra; ya te lo dije la se- 
mana pasada; pero tú con esa soberbia que 
tienes, á la tuya siempre. 

Paula ¿Por qué me dices á la tuya? ¿Qué quiere 

decir la mía? 

Hil. Todo se arreglará, Paula. 

Paula No, no; es que siempre, siempre nuestra se- 

ñora de Mas-Roser ó de la masía de Rosario, 
lo mismo da, ha celebrado la fiesta grande 
el primer Domingo de Octubre, y mañana 
es primer Domingo de Octubre. 

Hil. En eso tiene razón Paula. 

Ter ¿Cómo que tiene razón? Es que San Fran- 

cisco tiene la fiesta grai.de de cada año el 
día cuatro de Octubre, y mañana es día 
cuatro de Octubre y altar mayor no hay 
nada más que uno en la iglesia 

Hil. Bueno, bueno; si ya hablaremos de eso con 

el hermano. 

Paula |Pues estiría bueno! ¡Pues si hace un año 

que no piensan en ctra cosa las muchachas 
de la cofradía! 

TER. (a Hilaiio, que la detiene.) ¡Aparta tul (a Paula.) 

¿Y los muchachos de la cofradía de San 
Francisco, en qué piensan? ¿Vamos, di, en 
qué piensan si no es en la fiesta de ma- 
ñana? (Hilario permanece entre ellas dos.) 
Paula (a Tereson».) ¿Y ámí que me cuentas? _ 

HlL. (A Teretona, que va á replicar.) VaniOS, mujer, SI 

tú tienes razón, (a Paula, lo mismo.) Si tú tam- 
bién la tienes; todo el mundo tiene razón. 
Mañana es San Francisco; sino que también 
es la Virgen del Rosario, porque este año 
cae en el mismo día. 
Paula Es que nosotros tenemos la sartén por el 

mango. 



— 10 — 

Ter. ¡La sartén! ¡La sartén! ¡Di que tienes el ma- 

rido alcalde y que!... 

Hil. Mira, Paula, la verdad; que en esto tu Jorge 

no puede hacer nada; porque en esto quien 
manda es nuestro hermano. (Ríe la Teresona.) 

Paula Lo veremos; os digo que tenemos la sartén... 

Ter. ¿Por el mango, eh? créeme, mujer, vete ala 

cama. 

Paula 6 A la cama? .. Ea, aquí está Jorge. 



ESCENA III 

TERESONA, PAULA, HILARIO, JORGE por el foro izquierda. 

Jorge (a Teiesmia. 1 ! Ya to he oído, ya; pues mira, no 
hay nece¡-idad de que se vaya á la cama 

ésta. (Por la Paula.) 

Paula (a Teresona.) ¿Pues qué te figurabas? 

Ter. ¿Que qué me figuraba yo? 

Hil.. Teresona... (Para hacer que se calle.) 

Jorge Y tú también, Paula, cállate; que en ade- 

lante se han de acabar esas riñas. 

Hil. Eso digo yo. 

Jorge Yo, como alcalde que soy, y vuestro herma- 

no, como Párroco que es, tenemos que arre- 
glarlo todo. Y lo que conviene es que él se 
deje guiar por mí en todo. 

Ter. Oyes, tú, Hilario: ¿pues no dice que él va á 

dirigir á nuestro hermano? (Acabando de lim- 
piar los objetos de la iglesia.) 

Jorge ¿Pues quién le ha hecho párroco de esta 

villa á tu hermano? 

Hil. Eso es verdad, Teresona. Si no es por Jor- 

ge no logramos á nuestro hermano. 

Ter. ¡Quita allá! Estos no han hecho nada. 

Hil. Que te calles, mujer, (a Teresona.) 

Ter. Me vo}', porque lo que es callar, no me da 

la gana de callar. (Sale por la izquierda llevándose 
caudeleros.) 

Paula Pues á mí tampoco me da la gana. (Yendo 

tras ella. Jorge la contiene.) 

Jorge Oye, tú, Hilario; ahora que estamos solos, 

bueno será que arreglemos algunas cosas. 



HlL 

JORGE 

Paula 
Ter. 



Hil. 

Jorge 
Ter. 

Hil. 

Paula 

Jorge 



Paula 
Ter. 



Jorge 
Ter. 

Hil. 

Ter. 
Paula 
Hil. 
Ter. 



Jorge 

Ter. 

Paula 
Jorge 



— 11 — 

¿Pues qué hay? 

¿No les has dicho nada, Paula? 

¡Si me han recibido como á un perro! 

(Volviendo á entrar, encarándose con Paula.) ;Por 

qué dices que te hemos recibido como aun 
perro? 

¿Quieres cerrar la boca, mujer? (Hilario la em- 
puja hacia la mesa y ella sigue limpiando los objetos/ 

Fues tenemos que hoy nos vuelve el hiio á 
casa. 

Tu hijo querrás decir; que la Paula es ma- 
drastra. 

¿Que VUehe LlorensÓ? (Diminutivo de Lorenzo/- 

01 que vuelve. ' 

Pues hace meses que venía yo trabajando 
este asunto, porque el muchacho... el mu- 
chacho me parecía á mí que estaba arrepen- 
tido del todo. Algunas dudas teníamos; pero 
luí a verle y me enteré bien, y os digo que 
está cambiado del todo; vamos, que es otro 
¿ verdad, tú? 
Pues claro; eso parece. 

No lo creo; la mala hierba... ¿sabéis lo que 
habrá sido? Que se le habrá acabado aquel 
dinero; aquel dinero, el que os quitó. 
Os digo que no le conocéis, de lo que ha 
cambiado el muchacho. 
Después de todo, no eran más que diez on- 
zas el dinero que se llevó. 
¡Por Dios, mujer! 

Y decían que no eran vuestras las onzas. 
¿No la estás oyendo, Jorge? 
¿Quieres callarte, Teresona? 
[Claro! ¡Digo bien! Todo lo que hay en Mas- 
Koser es de la pubilleta. Vosotros no sois 
más que tíos de la Rosó. 
Nosotros administramos las haciendas y 
cuidamos de todo; conque algo somos. 
Vosotros lo que sois ya lo sabe todo el mun- 
do; unos pobretones. 
Esto es un sofoco. 

¿Sabes lo que te digo, Hilario? Que como 
tenga que arrepentirme de haber traído al 
pueblo á vuestro hermano, como os lo he 
traído os lo hecho fuera. 



HlL. 

Paula 
Jorge 



Hil. 
Jorge 



Hil. 

Jorge 



Paula 
Jorge 



Hil. 
Jorge 

Hil. 

Paula 



Jorge 
Hil. 

Jorge 



_ 12 — 

Por el amor de Dios, hombre! 
Oye tú, Jorge; yo se lo diría antes que aque- 
lla lo enrede. 

Bien dices. Oye tú. (Se lleva á Hilarlo hacia la 

derecha > Tu hermano me parece á mí que no 
se habrá olvidado de lo mucho que se le 
quería en Mas-Roser. 
Hombre, yo creo que no. 
Como que cuando tu hermano estaba en la 
masía de bueyero, tú estabas de mozo. ¿No 
es verdad? Digo yo; antes que el hermano 
de ésta (por la paula.) se casase con la madre 
de la pubilleta, ¿no te acuerdas? 
Pues claro que sí. , „¿ 

Bueno; pues por eso he procurado yo que 
tu hermano fuese párroco de este pueblo 
para que se pusiese á nuestro lado Veras tú 
cuál es mi idea, (a Paula.) Atiende tú, que 
no vuelva la Teresona. 
Ya estoy al cuidado. 

Pues mira, cómo Llorenso ha cambiado del 
todo, ¿comprendes? y como la pubilleta ya 
va para los dieciséis años, ¿comprendes? yo 
lo que pienso es casarlos, y de este modo yo 
sio-o al frente de las haciendas de Mas-Roser. 
Ya hace tiempo que se me había metido eso 
en la mollera; pero como el muchacho era 
como era... 
Tu hijo era. • • « 

Dilo, hombre. , 

Vamos, que todo el mundo sabe que ha he- 
cho cosas malas. n 
Que el muchacho es bueno. Que es un poco 
travieso, ¿y qué? Ya ves, á mí que me im- 
porta; al fin, no es mi hijo, pero conozco la 

Oye^Hilario; yo lo tengo ya todo pensado. 
Loque importa es que vuestro hermano gane 
la voluntad de la Rosó á favor de mi hiw. 
Pero si tú tienes un imperio sobre la Roso, 
que no necesitas que nadie te ayude, bi 
siempre la tienes atemorizada. 
Pues mira tú; en este asunto no me obede- 
cería. 



- 13 — 

Hil. Bueno... hombre; yo haré lo que pueda. 

Ter' (volviendo de la iglesia.) ¿En qué vas á hacer lo 

que puedas, Hilario? 

Jo*ge* Nosotros nos vamos, que tal vez Llorensó 
esté de vuelta. 

Paula Sí, vamos. Y los jarros los entregáis al Pa- 

dre Juanico. 

Ter. Aquí no hay Padre Juanico. Aquí no hay 

nada más que el señor párroco. 

Jorge Como todo el mundo le llamaba Juanico... 

Ter. Aquellos eran otros tiempos. Eran los tiem- 

pos en que vosotros erais pobres. 

Paula Vamos, Jorge, vamos, que yo ya no puedo 

aguantarme más. (Se van hacia la puerta.) 

Jorge Vamos, vamos. 

Hil. (a Teresona) Pero ¿no te vas á callar? 

Ter. Si yo la conozco á la Paula; si va á ir di- 

ciendo por el pueblo: ¡Padre Juanico! [Padre 
Juanico! 

Paula (Por ¡a ventana.) Lo diremos ó no lo diremos; 

según y como se porte, así será el señor pá- 
rroco ó será el Padre Juanico. (Riendo.) ¡Jua- 
nico, Juanico! 

TER. (Va hacia la ventana y la cierra de golpe.) | Arre,, al 

demonio! _ . 

PAULA (Riendo fuerte desde lejos.) ¡Juanico, JuaillCo! ¡El 

Padre Juanico! 



ESCENA IV 

TERESONA, HILARIO. Después el PADRE JUANICO y TGNI. L» 
ventana ha quedado cerrada. 

Hil . Déjalo, mujer, que todo se arreglará. 

Ter. ¿Es que te parece que yo voy á dejarme pi- 

sotear por esa? ¡Ah, oye! ¿Y qué es eso que 
decías? ¿En qué cosa vas hacer lo que pue- 
das? 

Hil. Pues en todo hago siempre lo que puedo. 

¿Y si fuéramos á esperar á nuestro her- 
mano? 

Ter. Sí, sí, vamos, que ya es hora. 



— 14 — 

Hiu Pues voy á ponerme el capote, (vase por la 

primera derecha.) 

Ter. ¡La Paula! ¡La Paula! ¡La mujer del alcalde! 

La alcaldesa. Pues yo la parroquesa, ¡con- 
que cuidado! 

P J UA. (Abie un poco la cancela de la puerta, pero no entra 

y dice, fingiendo la. voz.) ¡Deo gracias! 
1er. (Acabando de arreglar.) ¡Vava! ¿Quién será 

ahora? KU<p& 

. . o ua. como antes.) Pero^no se puede pasar? 

Ter. jNo, ahora no, que tenemos prisa. (Toni abre 

la puerta de la caucóla de par en par y entra antes 
que el padre Juanico con una maleta al hombro. El 
padre Juanico se queda en la puerta riendo.) 

Tom ¡Ea... bobalieona!... Si es el señor rector... 

El rector nuevo que llega. 
Ter. ¡Ay Virgen santísima, si es mi hermano! 

.'. Jua. ^Riendo.) Si es que estorbo... 
Ter. (Abrazándole.) ¡A}', hermano mío de mi alma! 

(Toni queda en el fondo cargado con la maleta, mar- 
cando con los movimientos dd rostro las impresiones 
de lo que pasa en la escena.) 

P. Jua. (Riendo) ¿Conque no querías que entrase, pi- 
carona? Anda, anda, no te quiero. (Apartándo- 
se y de pronto volviéndola á abrazar. Toni ríe fuerte.) 

Ter. Pues si me estaba arreglando para ir á reci- 

birte. (Toni se acuerda de que lleva la maleta y la 
deja en el suelo.) 

P. Jua. (Mirando á todas partes.) ¡Vaya, vaya! Todo está 
lo mismo... esta casa lo mismo que antes... y 
en el pueblo todo igual que antes .. y ¡cuan 
tos aLos han pasado!... ¡no puedo!... ¡no pue- 
do más! (Se sienta y llora. Toni casi también llora.) 

Ter. ¡Hilario, ven, Hilario! 

Hlí.. (Sale con la capa.) ¿Qué hay? 

Ter. ¡Mírale! 

P. Jua. ¡Hilario! 

Hil. (Abrazándole.) ¡Juanico!... ¡Toma, si es Jua- 

nico! 
Ter. ¡Oh, qul maldita lengua! (porque ha dicho 

Juanico; volviéndose Teresona.) ¡Qué haces tú 

aquí, vete! 
Toni ¡Qué Contentos, batúa! (Riendo satisfecho, re- 

gandose palmadas é! mismo en las piernas.) 



— 15 — 

P. Jua. [Vaya, mi pobre hermano, a/m me tenéis 
otra vez en el pueblo; llorando me fui y llo- 
rando vengo! 

Ter. Sí, pero es qne ahora tú mandas á todo el 

mundo. Vamos á ver, ¿qué tomarías ahora? 

P. Jua. Tomar, tomar... si.. . « oto bivm ... (se echa á reir 
y se distrne.) Pues «& tomar el camino de la 
rectoría , cuando he bajado del tren .. ptsis 
«rfág pque hab éis puesto muy lejos la esta- 
ción ... b%ii mi, j, p I , n j , - ,} w ] íl!ifí ) . jy q ué 

cosa más rara, no he conocido á nadie; m, 

C J'^ M rn'íl, i MinIiP en el pueblo; claro,' 

como que todos han ido naciendo estos añosí 

¡bl, Si!... (Riei. do y cambiando de tono.) Pues eS- 

toy muy contento de veros y de verme aquí 

otra vez. 
Ter. ¡Pues y nosotros!... 

P. Jua. ¡Pues veréis, al bajar del tren me sentía tan 

conmovido, que las piernas me Saqueaban! 
é Od. ^entir aquel olor del humo de los hogares y 

el olor de la hierba fresca que venía de los - 

Toni [Já... já... já!... (Ríe destemplado.) ¡Cómo me Uv ^ '* fof**** 

hace reir!... «u**vv.*Zt,¿C<>. 

P. JUA. (Amenazándole con la mano y riéndose bondadoso.) 

¡Ya te diré, ya te diré yo á tí... espera, es- 
pera! 

Ter. (a su hermano.) Sigue contando. 

P. Jua. Pues nada. Que desde la estación he venido 
por el caminito que va junto á la tapia del 
cementerio; *** que me parece que está 
más hondo que antes. Pues al llegar al ce- 
menterio dije un Padrenuestro por la pobre h A 
Inés y en acabando dájé muy bajito: «¡Inés!» ¿A- w i**~kiafoi 

Vnya , OOÜÜO ¿t la *kU . (Queriendo indicar que 

son tonterías suyas.) Pues aun no había acaba- 
do de nombrarla cuando oigo una -risotada 
más fresca que un «35=^9 Mayo y me en- 
cuentro de frente con la masía de Roser. 
Allí estaba, igual que cuando nosotros an- 
' dábamos por allí, Hilario. Tan igual que 
me miré á mí mismo por si era yo eí mismo 
buey ero de antes. Conque veréis: de pronto 
oigo otra risotada como aquella que os de- 



— 16 — 

cía, pero más cerca, á mi lado casi, y me en- 
cuentro á este bobalicón (por Toni.) que rega- 
ñaba con una chiquilla, ¡y qué sorprendidos 
se quedaron al verme! (Riendo.) Conque yo 
me voy hacia ellos y les alargo la mano para 
que me la besen y los dos me la querían be- 
sar al mismo tiempo, como que se pegaron 
un topetazo con las cabezas. Ella, después 
de besarme la mano, se escapó muy azorada 
como una pajarita; y éste también quiso es- 
caparse; pero yo lo agarré por un brazo di- 
ciendo ¡alto al rey! y en castigo de haber re- 
ñido con la chiquilla le hice cargar con la 
maleta. (Ríe.) 

Hil. Bien hecho. 

Ter. Como que tú eres el amo de todo. 

Toni (Medio hojoso y rabiando.) Si es que no nos pe- 

leábamos, si es que estaba yo jugando con 
ella. 

Ter Al señor párroco no se le desmiente. 

•P Jua. ¿Que estabas jugando? Pues ya eres muy 
grandullón para jugar, y menos en un día 
de trabajo. . , 

Toni (siempre apurado.) Pero si es que no jugába- 

mos, si es que nos peleábamos. 

P. JüA. (Siempre bondadoso y riñendole en broma. Y no te 

da vergüenza de pelearte con una chiquilla. 

Toni Pero si era en broma, si era jugando. (Hila- 

rio ríe. Teresona se enfada.) 

P Jua (Riendo.) Vaya, que no sabes lo que te dices. 

Toni (Mas apurado que nunpa.) No, señor, no es eso, 

si era que nos peleábamos, (carcajada general.) 
Vaya si nos peleábanlos. Por eso, por San 
Francisco y Nuestra Señora del Rosario. 

Ter En eso tiene razón: porque San Francisco... 

P. Jua. Ya me lo habéis escrito y ya se arreglará 
todo. 

Toni (a Teresona.) Pues yo me espero. 

Ter (a Toni.) Déjame, que ya se lo explicaré yo. 

(Dirigiéndose al Padre Juanico.) Este muchacho, 

¿sabes tú? está en Mas-Roser y está guar- 
dando bueyes. 
P Jua. ¿Cómo es eso? ¡Lo mismo que yo! ¿Con que 
tú estás en Mas-Roser? Ven acá, ven. 



TeP.. (a Toni que duda en acercarse.) Anda, Toni. 

P. Jua. (Mirándole de pies á cabeza.) liien, hombre, bien; 
¿con que tú guardas bueyes en Mas-Roser? 

TONI (Después de mirar á Teresona.) Pues SÍ, Señor. 

P. Jua. Va lo veo, ya. Dame esa honda. (Toni se la 
da.) ¡Y qué pequeña!... Esto no sirve nada 
más que para tirar peladillas; ¡vaya qué ca- 
sualidad! Habernos encontrado tan pronto 

tú y yo. (pausa, esperando que conteste Toni.) Dí 

algo, hombre. 

HlL. Pero Contesta. (A Tereíona.) 

Toni (Apurado.) ¿Y qué quieren que conteste yo?... 

Digo que sí. 
P. Jua. Siéntate aquí, siéntate, (ei Padre Juanico busca 

distrnldo algo que poner en la honda.) 

Toni Pues verá usted... que nuestra señora del 

Rosario y San Francisco... ¿verdad? (Tereso- 

• TraTse acerca contenta de que que hi.blen de esto.) 
. P. JUA. (Hace girar la honda como quií'n tira una piedra. De 

pronto va hacia Toni.) Mira tú que el establo es 
grande y muy obscuro, ¿verdad, tú? (como 
si él fuese otro chiquillo.) ¿Y la ventana, la ven- 
tana aquella que está en el fondo y por don- 
de entran las gallinas? 

TONI (Perdiendo poco ¡i poro el miedo.) ¡Vaya, CÓmO lo 

sabe el señor cura! 

P. Jua. ¡Siempre se han de meter las gallinas en- 
tre las patas, y siempre se han de subir al 
pesebre de los bueyes! Pero sobre todo al 
pesebre del Pardusco, en el rincón, ¿sa- 
bes tú? 

Toni (Animándose.) Sí que se suben, sí, y bien que 

me^ desesperan; ¡son mas tercas! Pero el 
buey del rincón ahora no se llama Parduz- 
co, se llama Morrucho. 

P. Jua. Sí, claro .. el otro, ¿quién se acuerda de él? 
como todas las cosas... ya nada... Pues mira 
Hilario, el Pardusco era muy buen chico, 
vames al decir, un buey muy manso; y yo 
sentaba- en él á la Inesilla... ¡Entonces no 
tenía Inesilla más que doce años. (Teresona 

entra y sale de la iglesia.) 

Toni ¡Batúa! Sí que es verdad. También sentaba 

yo á la Rosó sobre el Morrucho, cuando era 

2 



-•lu- 
irías chica que ahora. ¡Y á ella le daba mie- 
do y me echaba los brazos al cuello y me 
apretaba más fuerte! 

P. Jua. ¡Muy fuerte! ¿verdad, tú? que ahogaba, 
¿verdad? 

Toni Sí, sí, pero nos reíamos mucho. 

P. Jua. (Riendo.) A mí me gustaba que me ahogase, 
¿y á tí? 

Toni [Vaya si me gustaba! (Rien ios dos.) 

Ter. (volviendo.) ¿Qué hacéis? 

P. Jua. (poniéndose serio de pronto.) Bueno, basta... bas- 
ta ya... (Se pasea, por la escena queriendo variar de 
idea y retozandole la risa á pesar suyo.) 

Tow ¿Y quién era esa Inesilla, Hilario? 

Hil. Era la madre de la Rosó. 

P. Jua. ¿Cómo? ¿la hija de Inés es la que dice éste? 

Hil. ¡Sí que lo es! 

Toni La que le ha besado á usted la mano; si era 

la que estaba conmigo. 

P. Jua. (Muy serio.) ¿A mí? ¿Aquella muchacha... 
aquella muchacha era la hija de Inés?... (Hi- 
lario le dice que sí con la cabeza.) ¡Ah! (-Pau?a.) 
Pues no la he conocido, y yo tenía que co- 
nocerla, (contrariado.) ¿Ves, tú, Hilario? la 
primera persona que me encuentro al en- 
trar en el pueblo es su hija. Claro, llamé á 
la madre con éste (ei corazón.) al pasar por 
el cementerio, y respondió la hija. 

Hil. ¡Ya... ya!... ¡Suceden cosas!... 

P. Jua. (a Toni.) ¿Y tú... es que tú también? (Toni no 

contesta. El Padre Juanico mira á Hilario.) 

Hil. ¿Qué preguntas, que guarda bueyes como 

tú? ¡Sí, hombre! 

P. Jua. ¡Ca, no es eso! 

Toni ¿Pues qué es? 

P. Jua. Nada, nada. ¡Ah! toma, que no te he paga- 
do. (Buscando dinero en el bolsillo.) 

Ter. (a parte á Toni.) No tomes dinero. 

Toni ¡Qué he de tomar, aunque me maten no lo 

tomo! 
Ter. ¿Quieres subirme la maleta arriba, Toni? 

Toni Pues claro, vamos allá. 

Ter. Pasa. (Se van por la derecha.) 



— 19 — 
ESCENA V 

EL PADRE JÜANICO é HILARIO 

«P. Jua. (sacando el dinero.) Toma... ¿dónde está ese?... 
¿De modo que de nuestro tiempo en Mas- 
Roser no hay nadie? ¡Cuenta, hombre, 
cuental 

Hil. Si te lo he ido escribiendo todo, ¿no te 

acuerdas? La pobre Inés se murió y se me- 
tieron en la casa Jorge y la Paula y el hijo 
de Jorge; pero el hijo de Jorge no tiene pa- 
rentesco con la chica. 

P. Jua. Sí, sí, ya lo sabía, ya me acuerdo. Vaya, es- 
toy muy contento de haber vuelto al pue- 
blo. Mira, Hilario, el día que se casó Inesi- 
11a me dije: yo no he de volver nunca á ver u • 

estas tierras)(Pues el día en que supe que ^J^j-M**' ™**' 
se había muerto Inés, sentí algo como re- p* l <*W> ***">•; «j 
mordimiento por haberme ido tan lejos. Y ,{t *«] trt : **■ tte4¡h«- 
durante aquella enfermedad, en que' todos ^ Vwít>u ^°- 
pensaban que me moría, no le pedí á Dios 
más que una cosa, que me dejase vivir para 
poder volver y que me enterrasen aquí. . , , 

J. U¡ám mira, Dios me lo ha concedido. Y ahora vu> J¿ u». «f í 4 *. A " 
rap ' vuolvo ol oariñ o poiLm - i-tiarra; pop ' tod o ^^ Wlüwi.») 
mte; que el corazón me late como si fuera " j V^y^- •, 
un niño, pensando en Mas-Roser.^Y á esa^ij U t*" 1 ** 
chiquilla, tenlo por fijo, Hilario, he de que- *" , ' 

rerla mucho, mucho, y he de velar por ella, ü'Wud qtu u 
como si me lo pidieran desde allá, desde el L&a, fcW» 
cielo, y desde dentro de la tierra. (Ab iaza a¡L ^¿a f w 
Hilario conmovido.) Y ahora vamos á rezar á la w vA ¿| «¿a¿y¿, 
iglesia y después á Mas-Roser; porque la ¡^ ^fc,, 
verdad, si no es por Jorge yo no vengo de 
rector al pueblo. 

■Hil. Sí, sí, vamos.- Pero... lo que es á Jorge no le 

agradezcas mucho lo que ha hecho por tí. 

P. Jua. ¿Que no se lo agradezca? 

•Hil. Ya te lo contaré todo. Vamos, (salen hablando.) 



— so - 
ESCENA VI 

TERESONA y TONI. bajando de la derecha 

Ter ¡Hermano! (Llamando.) ¡Toma, pues ya se han- 

Toni Qué más da, yo esperaré. De todas maneras 

lian de venir los compañeros de la cofradía. 

Ter Pues ánimo. Y acuérdate de lo que te he di- 

cho. Y que no os rindáis por nada de este 
mundo, 

Toni. (con fastidio.) Bueno. 

Ter. Y si yo no he bajado, me llamas, ¿oyes/ 

ToNI. Bueno (Se va Teresona: Toul cree que todavía está, 

allí, y después de una pausa, repite.) 

ESCENA VII 

TONI, después^ SILVESTRE, LUCAS, MATÍAS y otros mozos 

Toni Sí sí, espera; que en seguida voy á llamarte r 

iVava que yo también peno; ¿y por qué me 
habían de nombrar á mí eso?... eso que lla- 
man Presidente de la cofradía de Sao Fran- 
cisco y á ella Presidenta de la cofradía de 
las mozas! Es que yo no tengo suerte en 
rutila; á mí me pasa todo lo malo. Si mi ma- 
dre levantase la cabeza y viese lo que estoy 
haciendo; que tengo que hacer la guerra y 
que tengo que hacer la contra á la Roso. Ya 
me diría, ya ¿pero, hijo, he criado yo á mis 
pechos á la Pvosó para que tú vayas contra 
elKaV Ea, que yo no voy contra la Rosó aun- 
que me maten. 

LUCAS ('Entrando por e! fondo con otros mozos.) babes 10 

que están baciendo.aauéllas? Están cogiendo 
flores para adornar el altar mayor; como si 
estuviera resuelto que el altar mayor ha de 
quedar para ellas. 
Toni. ¡Vava unas angustias que voy á pasar! _ 

Lucas Y dicen que van á venir aquí. Y la Roso al 



— 2i — 

frente mandándolas. Y que su tío, como es 
el alcalde, le da ánimos. 

Toni. ¿Y por qué os empeñasteis en que yo había 

de ser Presidente de la cofradía? 

Lucas Porque te toca este año serlo; porque te tocó 

la suerte. 

Toni. Es que ya sabéis que estoy en casa de la 

Rosó y no está bien que vaya contra ella. 

Lucas Lo que no estará bien es que sigas en esa 

casa si las mozas ganan. 

Toni. Es que á la Rosó puede decirse que la cria- 

mos nosotros. 

Lucas ¿Y á raí qué? Tú lo que temes es que no te 

libre de soldado. 

Toni. Es que yo no lo hago por interés, ¿sabes? Y 

la redención tienen que pagarla, que al morir 
la madre de la Rosó se lo dijo bien dicho á 
Jorge: así, que me libraran de soldado. A 
más de que Jorge me guarda el dinero de mi 
salario, ¿sabes? 

SlL : , (Entra seguido de Matías y otros mozos.) Con que 

ahora, formalidad. 

Mat. Justo: formalidad. 

Sil. ¿Dónde está el señor párroco? 

Toni . Allá dentro, ahora sale. 

Sil. Pues en tan y mientras podríamos celebrar 

junta 

Toni. Ya hicimos ayer eso de la junta. 

Lucas Lo que hay que hacer, es ir al grano. 

Mat. Eso, al grano. 

Sil. Hagamos otra junta. 

Toni. Yo no quiero hacer nada de eso, que no 

quiero hacer daño... á nadie. 

Lucas ¿Pero qué quiere decir hacer daño? Lo que 

queremos es lo nuestro: que nos den maña- 
na el altar mayor, como todos los años: y 
que el oficio sea para nuestra cofradía y... 

(Todos lo aprueban.) 

Mat. Justo... ¡eso! ¡eso! 

Sil. Hagamos junta. Sentaos, muchachos. Yo se- 

ré el que escribe, (a Toni.) ¿sabes? yo seré tu 
secretario. 

Toni. Déjame. 

Lucas Si mañana, Dios no lo permita, no dan la 



— 23 — 

cabecera á San Francisco, te digo Toni que- 
vainos á hacer una gorda, pero muy gorda. 
Toni. Bueno. (Aparte.) (Donde yo quisiera estar es. 

bajo tierra.) 

SlL. (Se sienta al lado de la mesa y da tirones á Toni para 

que se siento á su lado.) Otro, que hable Otl'O. 

Que para eso estamos en junta; ¿por qué os 
calláis? ¡Junta, junta! 

LUCAS (Hallando con otros, y siguiendo su idea.) Loque yo 

veo venir, es una cosa que me da mucha 
rabia. 

Sil. Lo que tú tienes es que estás encelao con 

este, (Por Toni.) porque siempre está bailando 
con la Climenta, que está loca por él. 

Toni. ¡Mira tú qué me importa á mí la Climenta!' 

Bailo con ella porque la Rosó no quiere 
aprender á bailar. Y á mí me gusta bailar 
con la Climenta porque congeniamos de 
pies. Y contigo... siempre tropieza. 

Lucas Como que Toni no se trata nada más que- 

con bestias. . 

TONI. Y Contigo. (Entre 1k disputa de los muchachos se 

oyen á lo lejos risas y murmullos ) 

Sil. JS T o hay que reñir, que somos todos de la 

misma cofradía. 
Toni. Ya viene la Rosó, que ya las oigo: ahí están.. 

Sil. (a Lucas.) Ya están aqui las mozas. 

Mat. A poner todos la cara seria. 

Sil. Eso, la, cara muy seria y todos de espaldas. 

(Arrinconando á todos a un lado y volviéndose de es- 
paldas ) 

ESCENA VIII 

DICHOS y RÓXÓ, CL'lMENTA, FELIPA, PASCUALA y mozas de- 
acompañamiento. Todus traen muchas ñores, pero no en forma de 
ramos: la Rosó trae más que todas; las muchachas entran hablando 
á la vez 

Rosó ¡Miren, miren, cuántas ñores! Todas las he 

cogido yo, yo misma: ¡todas! 
Fel. Mirad las mías. 

Pas. ¡Pero cómo huelen estas rosas! ¡pues y los- 

alelíes! 



— 23 — 

Ci.im . ¡Cómo me han arañado las espinas y cómo se 

clavan las malditas! 

Rosó ¡Mira tú! pues á mí no se me clavan nunca 

las espinas de las rosas; porque las rosas me 
quieren á mí, me quieren mucho las pobre- 
citas. 

Sil. No volváis la cara vosotros. 

Mat. Toni, que te estás volviendo. 

Rosó ¿Qué hacen aquéllos'? Dejadles, que habrán 

hecho algo malo y estarán castigados. (Rien- 
do.) ¡Miradlos! ¡miradlos! 

Clim. Mirad, bobos, cuántas flores traemos. 

Rosó ¡El Toni! Pero si también está aquí el Toni. 

Lucas (a Toni.) No contestes, déjalas estar. 

Toni. Pero si me llama Rosó. 

Lucas No hagas caso. 

Rosó ¡Toni! 

ToNI . ¡Que IIO puedo más! (Tratando de contenerla.) 

¿Qué quieres Rosó? 

ROSÓ Mira, mira, qué hermosas. (Riendo y eseñandole 

las flores.) 

Sil. Pues yo tampoco me estoy aquí. (Marchándose 

con ellas.) 

Clim. Oye tú, Silvestre. 

Lucas Parece mentira, ninguno tiene vergüenza. 

¿Pues no veis que nuestra Señora del Rosario 
y San Francisco están hoy de malas? Pues 
ellas tienen cuestiones hoy y nosotros tam- 

b'én. (Rifas: no le hacen caso.) Ea, yo nO puedo 
Ver esto. (Se va á un lado.) 

Rosó (a silvestre.) Más flores traigo yo que todas 

ellas juntas. 
Toni (a Matías.) Qué bonito es todo lo que dice, 

¿verdad, tú? 
Mat. Justo, todo muy bonito 

Clim. Que no atendéis nada m¿,s que á las flores 

que trae Rosó. Mirad las nuestras. 
Rosó No toquéis ninguna, que son todas para la 

Virgen. 
Todos Una flor, Rosó. ..Una flor,pnbilla... Una flor... 

Rosó ¡Toni, ayúdame!... ¡Ayúdame, Toni!... 

(Riendo.) 

Toni (Muy serio.) ¡Batúa! AL que se acerque, ya 

verá lo que le doy. 



— u — 
Todos A mí... Yo quiero una... una flor, Rosó... (La 

Rosó y las otras chillan.) 

TONI (Dando golpes y muy enfadado.) ¡ Arre allá!... ¡Quí- 

tate tú!... ¡Que te quites!... 

Sil. Por Dios, hombre... Vaya unas manos que 

tienes. . Que soy el secretario... Al secretario 

110 Se le pega... (Porque le ha pegado un bofetón.) 

Toni (Riendo.) ¡Mirad, mirad á Silvestre, qué cara 

le he puerto! ¡Hagamos junta! 

Sil. (pasándole ei enfado.) Bueno, hagamos junta. 

Lucas Buenos bestias sois todos. 

Max. ¿Pero cómo te las compones tú, Rosó, para 

recoger tantas flores? 

Rosó Porque las quiero más que todas éstas, y las 

flores son agradecidas y se dejan coger. ¡Y 
qué olor tan rico! No os acerquéis tanto, que 
parecéis abejas, (a todos ellos.) 

Toni Yo sí me acerco, Rosó. 

Rosó Tú menos que los otros, porque tú respiras 

de una manera que pareces la boca de un. 
horno. Pues mira, si tengo yo más flores que 
esas muchachas, es porque todo el año estoy 
acariciando las plantas como si fuesen her- 
manas mías. Y como me requeman la sangre 
las hojas secas cuando no se caen ellas de por 
sí; vamos á ver, ¿qué hacen en este mundo si 

ya están SecasV ¡Ah! (Acord : ndose de pronto.) Y 

en la fuerza del verano, cuando todo el día 
las ha estado abrasando el sol, allá al obscu- 
recer... (Disimula mirando de reojo á Toni, que disi- 
mula.) pues allá, al obscurecer, hasta las que 
están más caídas y marchitas se reaniman y 
se ponen alegres, porque } 7 o las riego con 
mucho cariño, y cuando ellas se ven tan 
bien regaditas, parece que me dicen: ¡cuán- 
ta sed teníamos, y cómo nos ahogábamos, y 
qué contentas que estamos ahora! 
Clim. ¡Vaya una gracia! ¡Tenerlas bien regadas 

ella! ¡Como si yo no supiera lo que pasa! (l&\ 

Bosó le hace señas de que calle.) 

Sil. Que se diga. 

Ellas I ( MeDOS TonL ) ¡Que se diga! ¡Sí, sí, que se diga! 

Rosó (Avergonzada.) Toma, ¿qué mal hay en ello? 



— 25 — 

¡Mire con lo que sale ésta! Que á veces... que 
cuando voy á regar las flores y las plantas... 
me encuentro con que ya las ha regado 

Toni (Todos líen, burlándose de Rosó.) 

Sil. Y decía que era ella ¡Alábate! 

Toni Pues, bueno, ¿y qué? Que se las riego. Bue- 

no. A fe que ella bien se enfada, y más de 
una vez me ha quitado la regadera y me la 
ha tirado á la cabeza, porque dice que le 
quito su trabajo. ¡La muy tonta! 

Rosó (Enfadad con Ton¡.) Como que es verdad. Como 

que me quitas mi trabajo, y yo (Enfadada, por- 
que ios otros ríen.) no he querido esto nunca, 
porque ya me figuraba que algún día iba á 
saberse, y que en sabiéndose se iban á bur- 
lar todos. 

TONI (Pesaroso de que ella llore.) ¡Pero, ROSÓ, SÍ 3 r O 110 

lo hacía á mal hacer! ¡Ay, Dios mío, que yo 
no sé por qué lo tomas de esta manera! 

ROSÓ (Queriendo fingir que está enfadada, y luego riendo y 

burlándose.) ¡No, si no me enfado! ¡Toma, 
toma, pues no se creía que estaba enfadada! 

Toni (Muy serio.) Pues lo estás... y ahora voy á de- 

cirlo todo. 

Sil. Sí, dilo. 

Clim. Que lo diga. 

Todos Sí, sí, que lo diga, que lo diga. 

Toni Puss que algunos días ella decía que se en- 

fadaba, y no se enfadaba de verdad; porque 
cuando yo no iba, ella venía á buscarme, y 
con una cara muy alegre me decía que yo 
era muy buen mucbacho, y que si quería ir 
á regar las flores. Como que á veces hasta 
ella misma me ponía una flor en la oreja. 

(Ríe y ríen los demás.) 

Rosó Déjame hablar á mí ahora. (Algazara.) ¡Que 

me dejéis hablar! (van callándose todos ) Pues 
sí que es verdad, alguna vez le he dado algu- 
na flor, pero de las secas, de las que se ha- 
bían Caído por el SUelo. (Quiere interrumpir 
Toni.) Flores hermosas, ninguna. 

Toni Pues sí que eran hermosas. 

Lucas ¡Qué flores ni qué malas hierbas, ni qué ton- 

terías! Esas flores se las puede llevar Ton i 



— 26 — 

para los bueyes, 3' que allá tengan ellos la 
gran fiesta. Porque á Nuestra Señora del 
Rosario ni hoy ni mañana se las pondréis 

Vosotras (Se alborotan todas ellas.) Digo que no 

se las pondréis, y no se las pondréis, y mal- 
rayo os parta á todas vosotras. 

Rosó ¡Ay, ay, con lo que sale! ¿Y por qué no se 

las pondremos? 

Lucas Porque el altar mayor es para San Francis- 

co, que va á estar en él como una reina de 

los cielos, (Chillan todas.) 

Clim. ¿Me queréis creer, muchachas? Pues vamo- 

nos á buscar al señor cura. 

Eel. Pues vamos. (Empiezan á andar hacia la izquierda.) 



ESCENA IX 

ROSÓ, CLIMENTA, EELIPA, PASCUALA, MOZaS, TONI, LUCAS, 
SILVESTRE, MATÍAS y TERESONA, que viene por la derecha. 



Ter. 

Toni 
Ter. 

Lucas 
Ter. 



(Enfadada.) Pero, Toni, ¿por qué no me has 

avisado? 

(Aparte.) Buena la vamos á tener. 

Pero, ¿qué hacéis ahí, muchahos? No veis 

que ellas le van á hablar primero? 

Sí, vamos allá á ver al señor cura. 

Vamos, que yo no os dejo. Aprisa, aprisa. 

(Dessparecen todos por la izquierda, menos Rosó y 
Toni.) 



ESCENA X 

ROSÓ, TONI. Rosó ha quedado rezagada, recogiendo las flores que 
había dejado sobre la mesa y que le cuesta trabajo llevárselas. 



Rosó Allá voy... allá voy... 

Toni ¡Rosó! (Ella no ¡o oye.) Espera, Rosó. 

Rosó (volviéndose.) ¿Quién me sujeta? ¡Ah! eres tú, 

Toni. 
Toni ¡Estás enfadada! 

Rosó Sí que estoy enfadada. ¡Que no sé lo que 

te haría! 



— 27 — 

Toni ¿Es por lo de yo y San Francisco y por le» 

de tí y Nuestra Señora del Rosario, ¿eh? 

Rosó No, ya te lo he dicho esta tarde. Es porqué- 

bailas con la Clirnenta. 

Toni Es que cuando oigo la música no me puedo 

contener. 

Rosó Es que cuando te veo bailar con otra tam- 

poco me puedo contener 3-0. 

Toni ¿Y por qué no has de aprender á bailar? 

Rosó Porque mi madre no 'quería que bailase. 

Toni Pues la mía sí. Y mi madre fué tu no- 

driza, conque siquiera por ella ya podías 
bailar. 

Rosó ¿Y qué vas á hacer esta noche en la era? 

Toni Y qué sé yo. Lo mejor será que no toquen; 

y que si tocan me aten á mí, poique si no 
se me van los pies ellos solos. 

Rosó Pues si bailas con la Clirnenta, ya verás lo 

que hago yo. 

Toni ¿Pues qué vas á hacer? 

Rosó Irme á la cama. 

Toni En eso sí que te creo. Porque á tí no te 

importa nada de mí. Toma, como que yo 
creo que te alegrarías de que no me redi- 
miesen de la quinta 3' que me fuese á ser- 
vir... ahora veo mu3 r claro que tú y tu tío 
vais á una. Claro, te van á llamar doña. 

Rosó ¿A quién van á llamar doña? 

Toni - tí; doña... doña... y doña. 

Rosó ¡Vamos, que ya me desespera este mucha- 

cho! Se me pone todo el cuerpo cuando te 
oigo c mío cuando truena 

Toni No te lo quería decir, pero óyelo bien. Me 

dijo tu tío que 3 7 a no eras una niña y que 
jugábamos demasiado. Y" que no estaba 
para juegos. Y que se acabó, conque amén. 

Rosó Pues se acabó el cuento y colorín colorado 

y amén JeSÚS. (Rosó se echa á reir. Toni se enfa- 
da.) Si te entiendo que me ahorquen. 
Toni No tiene mucho que entender; que te quie- 

ren casar 3' que vas á ser pronto... aguarda,, 
¿cómo dijo? ¡la prometida! 

ROSÓ (Riendo como una loca y saltando.) ¿Que VOy á 

ser la prometida? ¡A3 T , qué risa! 



— 28 — 

Toni No te rías. Que ese á quien te van á prome- 

ter viene de fuera. 

Rosó (Kifciido.) ¡Uno que viene de fuera! ¡Qué bobo, 

todo te Jo crees. 

Toni ¡Sí, ponte orgullosa! Ya sabes tú que te 

traen de la ciudad un caballerete; que lo 
han encargado para ti. ¡Con él sí querrás 
bailar; porque, claro, él no será un ignoran- 
te COLUO 3 7 0¡ (La Rosó, que ha seguido rieudo, al fia 
se pone seria.) 

Rosó ¡Malo, reteníalo! ¡ya estarás contento, ya lo 

has logrado! ¡ya me volviste á enfadar!... Y 
yo aguantándome y haciendo fuerzas por 
reir. 

Toni Conque por muchos años, doña Rosó. 

ROSÓ (Yendo hacia él colérica.) ¡Doña!... Toni... ¡ttO SÓ 

lo que haría!... 
Toni ¡Orgullosa! .. 

Rosó Me voy COn aquellas. (Va hacia la izquierda.) 

Toni (Yendo tras ella.) ¡Cásate!... ¡cásate! ¡que ya se- 

rás vieja y luego serás la tía Paula. 
Rosó Eso sí que no te lo perdono, (üeja las ñores 

bruscamente: él se hurla.) ¡No te me escapas! 

¡Toma! ¡toma! ¡toma! (pegándole.) 

Toni ¡Ay, ay! ¡que me p^gas fuerte! 

Rosó. (cambiando arrepentida.) ¡Malhaya por mi geniol 

¡Qué tienes! ¿te he hecho daño, hijo mío? De 
verdad, de verdad, ¿te be hecho daño, Toni? 

TONI (Con risa franca y estrepitosa.) ¡De verdad, llO, 

tontinal ¡De broma, si fué de broma!_ 
Rosó. (Riendo.) Bien me has engañado, Toni. 

Toni Pégame, pégame más. 

Rosó. No quiero, que me arde la mano. Mira. (Que- 

dan los dos riendo estrepitosamente; el uno frente al 
otro inclinándose y mirándose con fijeza.) 

ESCENA XI 

ROSÓ, TONI, el PADRE JUANICO; viene por la cancela: no le han 
visto entrar. 

P. Jua. (Aparte.) ¡Cómo me gusta verlos; si me pare- 
ce que son Inés y J uanico. 
Toni No te rías más, porque si no... 



— B? — 
Rosó. Pues cállate tú primero, (ei padre jnanico tos© 

para que se fijen en él. A Toni.) Cállate, que eS- 

tá allí. 
Toni ' (Aparte.) [El Padre Jnanico! ¡Butua! 
P. Jua. ÍFingíen.io ineomoiado.) ¡Qué modo de reír es 

ese! ¡Habrase visto! ¡Estáis en la rectoría;. 

hola, hola! '.Pausa. Ellos con los ojos bajos é inmó- 
viles. El l'adre Juanico tose. ) ¡Qué ha sido eso! A 

decírmelo en seguida. 
Toni (sofocado.) Sí, señor, sí; claro que sí. 

P. Jua. (a rosó ) ¿Y tú? Vamos, habla. 
Rosó. Sí, señor, ya lo creo; lo que usted mande. 

P. Jua. (a rosó.) A ver, acércate, (rosó se acorra.) Que 

te acerques. (Ella se va acercando, haciendo señas 
escondidas á Toni paia que se acerque también.) ¡Po- 

brecilla, si es todavía una niña! 
Rosó. (a Toni con disimulo ) Ven, ven. 

P. JüA. (Fingiendo qne está enfadado ) ¿Por qué 110 has 

ido a llevar las flores á la iglesia, vamos á 

Ver, por qué?>(A un movimiento del Padre Juanico, 
la Rosó cree que le va a pegar y se pono una mano en 
la cari, y se a parta. ) 

Rosó. ¡Ay, ayl 

TONI (Poniéndose en medio de los dos.) A mi, señor rec- 

tor, á mí. 

P. Jua. («iendD.) ¿Pero qué dices? ¿qué te has figura- 
do? ¿que yo le iba á pegar á la Rosó? ¡Vál- 
game Dios! ¡Acércate, Rosó; acércate, pobre- 
cilla! (Pasándole la mano por los caballos.) ¡Y tu, 

bribonazo, ven acá también, (poniéndole ai otro 

lado de donde está «osó ) A tí SÍ que te voy á 

castigar y fuerte... no muy fuerte, no; mira, 
apártate tú...¡ Pobrecilla Rosó; tú no tienes á 
nadie, pobrecilla: tú estás sola; sin padre ni 
madre! 
Rosó. Hace dos años que mi madre está en el cie- 

lo. (Lloriqueando.) 

P. Jua. Eso... eso... en el cielo; ¡vaya si está en el 

cielo! (Toni solloza.) ¿Qué tienes, Toni? ¿Qué 

te pasa? 
Toni Que sí señor, que es verdad, que no tiene á 

nadie que la ampare y que por eso quieren 

hacer de Rosó... doña Rosó. 
ROSÓ. Cállate, Toni. (Volviéndose casi de espaldas.) 



— 30 -- 

P. Jua. (a Toní.) ¿Qué estás diciendo? ¡Habla claro, 
hombre! 

Toni Que la Rosó tiene una desgracia muy gran- 

de; que tiene tío, señor párroco. Y que tiene 
otra desgracia más grande: que también tie- 
ne tía. 

P. Jua. ¡Pues vaya una dpsgracia! 

Toni Que lo diga Rosó. 

Rosó. (üe espaldas, moviendo la cabeza.) Sí... SÍ... que 

tengo tío y que tengo tía. 

P. Jua. ¿Y qué? 

Toni Pues que los tíos quieren casarla, y que se 

empeñan en que está prometida, y no sabe- 
mos quién es el caballerete. Y que nosotros 
no queremos, porque á nosotros nos dan 
mucha rabia todos los caballeretes, ¿verdad, 
Rosó que nos dan mucha rabia? (rosó se ha 

vuelto de cara al Padre Jtianico; pero avergonzada le 
vuelve otra vez las espaldas.) 

Rosó (con la cabeza.) ¡Sí... sil... Nos d a rabia. 

f*rfüA7 r Mira tu si/yol vdy á co nSerí íírTifeTpiaes del® 

V^ Ll ( 4u jmikhM£^^ *Jr 

Toni ¿Lo ve usted? A todo el mundo le da rabia 

eso. 
P. Jua. (Riendo bondadoso.) ¿Pero á ti quién te mete en 
estas cosas? ¿Ni qué pito tocas? ¿Tú quién 
eres? 
Toni ¿Que quién so}^ yo? Pues yo soy así. . á 

modo de bueyero. Vamos, que soy un pa- 
riente. . de casa de ésta. 

ROSÓ Parientes no lo SOmOS. (Toni quiere replicar.) No 

digas mentiras, Toni. 

P. Jua. ¿En qué quedamos? 

Toni Bueno, qué más da, parientes... no lo so- 

mos... pero como si lo fuésemos, ¿sabe? Esto 
es lo que yo digo. Y ahora que diga ella. 

P. Jua. Ahora te toca á ti, Rosó. 

ROSÓ ¿Yo? (Fingiendo indiferencia.) Mi madre SÍ que 

le quería á este muchacho. ¡Vaya si le que- 
ría! Siempre estaba diciendo que ojalá fuera 
su hijo, ¿qué se figura usted? 

P. Jua. Claro; que hubierais sido hermanos. 

Toni Ea, eso no, de ninguna manera. 

Rosó JN f i yo quiero tampoco; ya estamos bien así. 



— 3! — 

P. Jua. (Burlándose.) Bueno, pues oid. De aquí en ade- 
lante, como la Rosó es ya grandecita, no 
está bien que andéis siempre de broma y de 
juego. Porque no está bien. 

Rosó ¿No? 

Toni ¡Batua! ¡Igual que JorgejjBa^ua! 

P. Jua. ¡Que no está bien que (33a díaí andéis de 
broma! 

Rosó ¿Y un día sí y otro no? 

Toni ¿Pues yo qué he hecho? 

Rosó Cállate, Toni. (ai Padre juanieo.) Bueno, sí, se- 

ñor, no está bien que estemos siempre rien- 
do; pero podremos enfadarnos y pelearnos, 
¿verdad? 

Juan ¡No; he dicho que no!... Tampoco. (Disimulan- 

do la risa con dificultad. Rosó y Toni disputan acalo- 
rados. Aparte.) Está visto, se quieren, y ni si- 
quiera saben que se quieien. 

TONI (Se separa de Rosó y habla aparte.) No se lo figura 

él, no; ni la Rosó tampoco... tampoco se figu- 
ra que yo me casaría con ella. 

ROSÓ (Yendo á coger las flores.) Pues SI llO disimulo 

tan bien, me conoce que quiero á Toni. 
P. Jua. Pues listo: tú á la calle, y esta á entrar las 
flores en la iglesia. Ven conmigo. (Aparte.) 
^ ■ tiompo - ho llegado al puebl o. 

TONI (Saliendo detras del Padre Juanieo.) VamOS á Ver 

si se arregla lo del altar; que me va á dar 
más desazones... 



ESCENA XII 

JORGE, 1LORENSÓ, HILARIO. Entran por la cancela 

Hil. (Entrando el primero.) Me había parecido oir á 

mi hermano. 
Jorge Le esperaremos, ¿verdad, Llorensó? 

Llor. ¡Phs! Como usted quiera. 

Hil. Pues íbamos mi hermano y yo á tu casa y 

por el camino nos dijeron que habías salido. 
Jorge Sí. Pero tu hermano debe de haber vuelto. 

(Llorensó se habrá sentado en el silbón del cura, mos- 
trando indiferencia.) 



HlL. 

Jorge 
Llor. 



Jorge 



Llor. 
Jorge 



Llor. 

Jorge 



Llor. 
Jorge 

Llor. 



Jorge 
Llor. 

Jorge 
Llor. 



Jorge 



.Eso mismo. Voy á ver si le encuentro, (se va, 

por la izquierda.) 

Y tú, ¿qué estás pensando? 

Que no me gusta que vengamos á buscar al 
párroco ni que él se meta en nuestros- asun- 
tos 

¿Ahora sales con eso? ¿Pues qué te figuras,, 
que sin que nos ayude el párroco la Rosó va 
a ser tuya? 

Bueno, pues si ella no quiere, allá ella. 
Tero, ¿qué estás diciendo? ¿No sabes cómo 
estamos en casa? Digo, en casa de la Rosó. 
Todo lo que queda por vender; de ella es. Y 
todo lo q*ie debemos fué dinero suyo. Hoy 
mismo, lo más tarde mañana, tengo que pa- 
gnr la redención del servicio militar de Toni 
y no hay un cuarto en casa; con más, que él 
nada sospecha y está tan tranquilo. Tú eres 
la causa de cómo nos encontramos. 
¿Que vo soy la causa? 

Si no de todo, de buena parte. ¿Quién se 
llevó todo el dinero que había en el escrito- 
rio, y que era para pagar la deuda de la casa 
Bergans? Vamos á ver, ¿quién? 

Y aquella deuda, ¿quién la había hecho? 
Aquella deuda y las otras deudas. 

¡Calla! Porque me dan ganas de matarte, (se 

acerca á Llcrenpó, que se va á sentar en otro sitio.) 

¡Qué desgracia la mía con este hijo! 
(se ríe al oirie ) No, si yo no saco eso por nada, 
sino para que no me canse usted reprendién- 
dome por lo pasado. De la Filomena hablo. 
¡Calla, hombre, calla, que si te oyen!... 
No, si usted no me entiende. ¿Usted se figu- 
ra que yo me caso á la fuerza con la Rosó? 
No sé si á la fuerza, pero... 
¿Ve usted como no me entiende? ¡Sepa us- 
ted que yo á la chiquilla le tengo volun- 
tad 1 Le digo á usted, abuelo, que saldremos 
con la nuestra, aunque haya que echar pol- 
la calle de en medio. 

Así, hombre. Así me gusta verte: resuelto. Y 
cuando la veas, más resuelto has de estar 
todavía. 



- 33 - 

Llor. Si la he visto. 

Jorge ¿Dónde? 

Llor. En la feria de la Arbonesa; hará cosa de dos 

meses. Estaba yo en la posada. 

Jorge ¿Tú estabas en la posada? 

Llor. Como lo digo. Usted llevó las muías á la 

cuadra; yo bajé en cuatro saltos la escalera 
para hablar con la Rosó, sino que le sentí á 
usted volver del corral y dejé estar quieta á 
la chica. 

Jorge ¿Porque yo volvía te marchaste? Pues mejor 

que volviese, hombre. 

Llor. Es que entonces todavía no habíamos hecho 

las paces. Como que entonces usted no me 
necesitaba como ahora. 

Jorge Es que si te necesito... 

Llor. No volvamos á la matraca. Lo que yo le digo 

á usted es que á la Rosó no me la quita na- 
die. Que la quiero, y que la quiero. 

Jorge Viene gente, cállate, por Dios. 

Llor. No tenga usted miedo. 



ESCENA XIII 



JORGE, LLORENSÓ, HILARIO. Después el PADRE JUANICO, ROSÓ,. 

CLIMENTA, FELIPA, PASCUALA, y MOZAS. Por último TERESONA, 

TONI, SILVESTRE, MATÍAS. LUCAS y MOZOS 



HlL. 

Jorge 
Hil. 



Llor. 
Hil. 



Jorge 
Hil. 



P. Jua. 



(por la izquierda.) ¡Ya viene el Padre Juanicoí 

Pero ahora no va á estar para vosotros. 

Pues ¿qué hay? 

Que esto está que arde; que entre los mozos 

y las muchachas hay una pelea muy grande 

por la fiesta de mañana. 

(Aparte.) Pues vaya un motivo para disputar. 

Hasta dentro de la iglesia se enzarzaron,, 

(Riendo.) sino que mi hermano les hizo callar 

y les hizo rezar el rosario á todos. 

Bien hecho. 

Y como ya lo han acabado de rezar, vienen 

á tratar aquí del otro asunto. (Rumor de la* 

mozas.) 

(Entra el primero.) Ahora que no entren más 



— 34 - 

que las muchachas, que primero las quiero 
oir á ellas. 

Ellas (Entrando.) Nosotras... nosotras... sí... nos- 

otras. . 

ELLOS (Rumor de los mozos fuera de la escena.) ¡NoS- 

otros!... ¡Nosotros!... 

P. JuA. ÍA los mozos, pero sin salir de la escena.) A Ver SI 

os calláis vosotros. Hilario, que no entren 
los chicos. 
Hil. Ahí vienen á verte Jorge y su hijo. 

JüKGE Que 1)Í0S te guarde. (Llorensó no ha hecho caso 

del cura y busca i-ni re l»s muchachas á la Rosó.) 

P. Jua. (a J..r«e, serio.) Ah, ¿es usted? Ale alegro. Pero 
es que ahora no puedo. 

LLOR. (Deteniendo á la Rosó que pasaba cerca de él sin 

verle.) Oye tú, Bosó; ¿es que no me conoces? 
Rosó Sí que te conozco. Eres Llórense. Y qué feo 

estás COn esas baibazaS (Se va con las otras mu- 
chnchas. l.lorenso ríe, pero enfadado.) 

P. Jua. Y dice usted que su hijo... 

Jorge Mire u.-ted; este es. 

P. Jua. Ah, ¿es usted, joven? Se dice Dios re guarde 
á usted, señor rector. 

Llor. Sí que se dice, pero .. (Amoscado.) 

Jorge (pa»a que c-iie.) Bueno, hombre, bueno. 

P. Jja. (Rien.io.) Yo soy el rector, hombre, por si 
usted no lo sabía. 

Llor. Esta de broma (uumor de íes mozos.) 

Jorge Pues ha llegado hoy, ¿comprendes? (Las mu- 

chachas habl-tu entre sí. Per la puerta de la izquierda 
van apareciendo los mozos.) 

P. Jua. (a jo. ge.) Bueno, bueno; ya hablaremos, ya. 

(a ihs muchachas.) Ahora, aquí me tenéis... No 

soy más que para vosotras. 
Muchachas Sí, para nosotras... para nosotras... 
Ellos Para nosotros también. . para nosotros... 

P. Jua. Haz que se callen, Hilario. 
Hil. Si es que quieren entrar. 

P. Jua. (a eiios.) Calma, calma; ya os tocará el turno; 

esperaos. 
Ter. (presentándose entre ellos.) No pueden esperar, 

porque tienen una impaciencia... (La Tere-ona 

les invita para que se adelanten. Ello*, empujándose 
unos a otros, entran en escena. Jorge y Lloreusó que- 



— 35 - 



dan lejos de todos. Llorensó, acotado, fumando é indi- 
ferente. Teresona, entre los muchachos; las demás mu- 
jeres en 'a parte opuesta.) 

P. Jua. Bueno, pues que entre todo el mundo y así 
acabaremos mas pronto. Vosotras, en este 
lado: vosotros, donde estáis, y el que se 
mueva se va á la cabe. 

Tér. Es que... es que... 

P. JüA. (a Teresona.) TÚ allá en Seguida COn ella.S. (Te- 

resona v« al lado de las muchachas, pero pronto vuel- 
ve al lado de los chicos, á los que anima siempre. Hi- 
lario va de un lado para otro calmando á t"dos.) 

Jorge (a Llorensó) Si se decide por la virgen de 

casa, es señal de que nos va á ayudar en lo 
nuestro. 

-JLt,or. No se apure, que yo le digo que salimos ade- 

lante. (Mira descaiadHinenie a Rosó, que no se fija 
eh él. Lucas düputt con Toni. Rumores entre los 
■chicos ) 

P. Jua. Ya que todos estamos aquí... á ver cómo os 
explicáis. Vaya, que hable uno de esos albo- 
rotadores que tanto gritan y tanto se mue- 
ven. 

Lucas El Toni, señor párroco, el Toni. 

P. Jua. Pues sea el Toni. Anda, explícate. 

Toni No, pero fi yo... ¿es que quieres tú que me 

explique, Rosó? 

Lucas ¿A. ella le vas á pedir permiso? Tú estás 

aquí para lo tu} r o y para lo nuestro. 

Ter. Que hable el Toni. 

Ellas Nosotras... nosotras... 

P. Jua. Teresona, con las muchachas, y callad todos 
y que hable el Toni. 

Toni Pues... pues que nosotros somos de la cofra- 

día de San Francisco, para servir á usted. 
. Lucas Y él es el presidente, él mismo. Sigue (iodo 

el mundo in tica a Lucas que se calle.) 

To >i Pues .. pues digo que mañana es el santo de 

San Francisco... y que con todo esto se ha 
hecho un nudo... que no hay quien lo des- 
ate. ¡BatÚa! (chillido de las muchachas por ei ba- 
túa.) ¡Ay! (Pasándole haberlo dicho. j 

P. Jua. ¡Dejadle, dejadle! Vé diciendo, Toni. 
To.ni ¿\JLe entiende usted? Pero lo que sucede es 



— 3b — 

que mañana es San Francisco, y que es el 
santo de San Francisco, y que las mozas del 
pueblo también hacen la fiesta de Nuestra 
Señora de... de esa... de la Rosó... (Yéndoia á 

tocar; luego se pone serio.) y... ¡Bal!... (iba á decir 
Batúa.) 
Rosó (Va a h*b'« a! Padre Juanico. I « ««»^- »¿¿ 

dejan. La Rosó se dirige á ellas.) M que es la neb 

ta de Nuestra Señora del Rosario y no 

P. Jua. DelRosario, bien dicho. Sí, sí, chiquilla; del 

Rosario. -, . i 

Toni (incitado por Lucas.) Pues JO decía... lo que 

diie que -todos los años... tal día como hoy, 

plantamos en el altar mayor á nuestro -ban 

Francisco. .¿ 

Lucas (a todí.) Y que hacemos la fiesta porque no» 

toca. 
Toni Porque nos toca. 

Lucas (a Toni.) Y que la fiesta es de nosotros. 

Toni Que es de nosotros. 

¿"cas (a Toni.) Y que á ellas que las echen. Üilo. 

Toni Yo no digo eso. , 

Lucas Pues yo lo diré señor rector; que a nosotros 

nos corresponde y á ellas no. Y que sena 
hacer una injusticia muy grande a los mu- 
chachos del pueblo y al santo, si se arrin- 
conase al santo por las mozas. Porque las 
mozas no son nadie en ninguna parte, (mías- 

si enfadan y protestan.) . 

P Jua. (Bondadoso.) ¡Qué sabes tú! ;Que sabes tú! 

Luc.s Sí, señor; es como digo; que nuestro santo es 

más derecho y mejor mozo, y que lo barni- 
zamos el otro día. Y la santa de esas esta ya 
apolillada. 

ROSÓ /Qué dice? (Protesta de las mozas.) 

Lucas Esa santa que tiene la Rosó en su casa, no 

es nadie. ,'. . , „ 

Rosó Pero, ¿qué dice? ¿Que no es nadie mi santal 

,Estóno se puede sufrirl jElla lo es todol 

P Jua iusto. Todo, todo lo es la madre de Dios. 
Tú, Teresona, con las mozas, y ahora que 
hable la Rosó. 



— 37 — 
Sí, habla tú; habla tú, Rosó. (Frotándose las 

manos de contento.) 

Sí, que hable yo, después que maltratáis de 
ese modo á la Virgen de casa. Porque ha de 
saber, señor rector, que á Nuestra Señora 
del Rosario la tenemos todo el año en casa, 
en una capillita, y en esa capillita me bauti- 
zaron á mí, y en esa canillita se casaron mi 
padre y mi madre. Ya se sabe que Nuestra 
Señora del Rosario es de todo el mundo, 
pero como todo el año la tenemos en casa, 
por eso decía la Virgen de casa. 

P. Jua. (Enternecido.) .^í, sí; ya sé todo eso. 

Rosó (Llorosa.) Pues todos los años, tal día como 

hoy, la traemos al altar mayor de la iglesia, 
y 1a rodeamos de flores; y tal día como ma- 
ñana, á la tardecita, la volvemos á casa con 
mucha alegría. Y la Virgen es tan buena, 
que, si al traerla á la iglesia pone la cara 
dulce, más dulce la pone cuando la volve- 
mos á su capillita. Yo no tengo á nadie, ni 
padre, ni madre, ni hermanitos; pues la ten- 
go á ella, que es un consuelo muy grande. 
Yo la conozco si esta contenta. Porque si la 
digo: «Mira, madre de Dios, yo le tengo ra- 
bia á este ó aquel otro», entonces se pone 
triste, porque no quiere que le tenga rabia 
á nadie. Pero cuando le cuento que me ha 
pasado el enfado y que ya quiero á todo el 
mundo, ella vuelve los ojos hacia mí, aguan- 
tándose la risa; pero yo lo conozco, y al cabo 

reimOS las dos juntas. (Ríe. El Padre Juanico se 
vuelve de espaldas para disimular que llora, y se 
suena fuerte. De pronto la Rosó, que estaba riendo, se 

enfada.) Y hoy estos la están ofendiendo á la 
Virgen de casa y quieren hacerle un desaire 
muy grande. 
Toni (Muy vivo.) ¡Que yo le quiero hacer un desai- 

re! ¿Has dicho que yo? 

P. Jua. (Entusiasmado y aparte.) Pero SÍ la ROSÓ es lili 

ángel. ¡ Ah) mttlditoCi l (Amenazando, sin que ellos 
lo noten, á Jorge y á LWensó.) 

Lucas Bueno está eso, pero San Francisco también 

es San Francisco, y él también se enfada y 



— 38 — 

también patalea, y pide su fiesta, y que lo» 
lleven al altar mayor, y que si no nos casti- 
gará á todos y hará alguna diablura. 

P Jua. ¡Bueno, basta! 

Clim. jQ"e tenga paciencia San Francisco! 

Sil. ¡Pues nosotros le hemos de poner en el altar- 

mayor! 

Ellas ¡Nosotras, nosotras á la Virgen! 

Ellos ' ¡Nosotró'F, sí, á San Francisco! 

Ter Ellos tienen razón. 

P. Jua. Teresona, vete con las mujeres. Y escuchad 
todos, que ahora soy yo quien habla. 

Jorge (ai Padre jnanico.) ¿Quiere Ubted que lo arregle ' 

yo, como Alcalde? 

P. Jua. Aquí no hay más Alcalde que Dios Nuestro 
Señor, y yo para obedecerle. (Apartando con un, 

brazo a Jorge.) 

Jorge Es que yo... 

P. Jua. Y yo para obedecerle. Todos para obedecer- 
le (A Llórense-, que iba a hablar. Pausa.) ¡Ya Se aca- 
bó! ¡Pues ya, estaríamos frescos en este mun- 
do si no cupiesen dos imágenes en unaigle- 
) y sia/cuando en el cielo, á los pies de Nuestro 

/a. ía^ Ww w^/íww g e nor, caben por toda una eternidad todos 
*<¿^ los santos y tantos y tantos pecadores. 

¡Vaya, vaya! Estarán las dos imágenes ma- 
ñana en la iglesia. (Rumor ligero, porque no com- 
prenden la manera en que van á estar las imágenes.) 
Que estarán he dicho (Silencio. Signe hablando 

con ligero tono de P r. dicador.) Y el nial, herma- 
nos, el mal, hijos míos, no entrará aquí 
triunfante. Ni los odios ni los rencores, que 
/ contra todo eso -está la caridad y está la paz, 

de Dios. (La Rosó llora; a Hilario a media voz.) 

Rosó (Llorando.) ¡Ay, Dios mío, qué contenta estoy! 

P Jua A la Virgen del Rosario, como reina y sobe- 
rana que es del cielo y tierra, la colocaremos 
hoy con toda pompa y majestad en el altar 

mayor dá la iglesia (Descontento < e ellos y Tere- 
sona El Padre Juanico, muy enérgico, aunque le tiem- 
bla la voz ) He dicho que en el altar mayor 
colocaremos á la madre de Dios. (Yendo hacia 
Lucas.) Y el glorioso San Francisco, que es el 
santo de la humildad y de la pobreza, del 



— 39 - 

amor de Dios, celebrará muy contento este 
año su fiesta en el altar del rincón, que es 
donde está siempre; que yo así lo dispongo. 

(Rumores y confusiones entre los mozos, que disputan. 
Hilario los calma. Teresnna insulta a Jorge.) 

Jorge Señor rector, muchas gracias; usted mira 

por mi casa. 
P. Jua. ¡Phs! (con desprecio.) Yo miro por el cielo, y 

basta. (Quiere insistir Jorge.) ¡Y basta! 

Luc\s (colérico a Toni ) Y tú, ¿qué dices? 

Toni Yo... (De pronto, mirando a rosó.) ¡Mira qué con- 

tenta está Rosó! 

Lucas ¡Traidor! ¡Pillastre! ¡Tú las pagarás todasl 

Sil. ¿Hacemos junta? Yo creo que debemos ha- 

cer junta. (Van hacia la puerta todos disputando. 
Toni no se mueve .) 

P. Jua. Y ahora todo el mundo á Mas Roser á bus- 
car á la madre de Dios. Y tú, Hilario, haz 
que repiquen las campanas, (miaño y Teresoua 

salen por la izquierda disputando.) 
ROSÓ (Corriendo hacia el Padre Jiianico.) Por todas nOS- 

otras le beso las manos .. ¡Qué bueno, qué 
bueno es el señor rector!... ¡Tome, t .me!... 

(Le besa la maro varias veces.) 

P. Jua. Sí, sí, pobrecilla. Y que Dios te lo pague, (se 

limpia una Ligrima con una m»nga. Van saliendo todos. 
Suena el repique de cnmpanas ) 

Ellas ] La Virgen! ¡Vamos á buscar á la Virgen! 

La Virgen del Rosario! K A\ empezar á caer el te- 
lón, Toni corre tras la Rosó y le da un lirón del ves- 
tido.) 

Toni ¡Rosó! 

. Rosó (i>«ndoie un golpe.) ¡Tonto más que tonto! 

¿Quieres estarte quieto? (Ríen los dos hasta que 
ha caído el telón.) 



FIN DEL ACTO PRIMERO 



ACTO SEGUNDO 



Plazoleta de una era. En segundo término izquierda casa (masía) de 
Jorge: fachada con puerta practicable y ventana en alto: tapia 
con puerta grande al foro, que conduce al establo de los bueyes: 
bastidores de selva, etc. En medio de la escena una piedra gran- 
de; piedras grandes arrimadas á la fachada de la casa: á todo 
foro abrevadero, un carro y atributos de labranza, etc., etc. 



ESCENA PRIMERA 



LUCAS, SILVESTRE, MATÍAS y OTROS MUCHACHOS. Al alzarse 

el telón no hay nadie en la escena. Rumor creciente de voces hasta 

qne entran todos disputando por el camino de la derecha 



Lucas 

Mat. 

Sil. 

Lucas 

Sil. 

Mat. 

Sil. 



LuCas 



(salen todos.) No hay que detenerse. 
Adelante, adelante. 

(Queriendo detenerles.) Bueno, pero no COn esa 

furia. Esperaos un poco. 
A Silvestre no hay que escucharle, que yo 
creo que también nos hace la contra. 
¿Que yo os hago la contra? 
Sí, para defender á Toni. 
Pero si es el señor rector el que lo ha dis- 
puesto... Vamos á ver, ¿qué podía hacer 
Toni? 
Se podía haber cuadrado delante del señor 

rector, (Los otros le dan la razón.) sino que el 

señor rector y Toni quieren estar bien con 
las de Mas-Roser... por muchas cosas. El se- 
ñor rector, ¿sabéis lo que quiere? Pues que 
lo hagan decir misas por el alma de la ma- 



— 41 — 



Sil. 

Lucas 
Sil. 



Todos 
Lucas 



Mat. 
Todos 
Lucas 
Todos 

Sil. 

Mal 

Lucas 

Sil. 



dre de la Rosó. Que por eso está hablando 
siempre de la difunta. 
Si tú lo que tienes es rabia con todos los de 
Mas-Roser, y contra Toni por la Climenta. 

(Después dé decir esto, se aparta por miedo á que le 

peguen.) ¿Sabes lo que tú eres? ¡Un mala len- 
gua! 

¡Maldito embustero! (Todos se revuelven contra 
Silvestre.) 

Esperaos, que os quiero decir una cosa. 
(cuando estén callados.) Hagamos junta y vere- 
mos quién tiene razón. 
No... no... 

Lo que queremos es que salga Toni, que él 
es el que nos ha hecho traición y á eso ve- 
nimos. 

¡Que salga Toni! ¡Toni! (Llamándole.) 
¡Toni... que salga Toni! 
Y cuando salga, garrotazo en él. 

¡TodOS y firme! (Se acercan á la puerta de la 
masía.) 

¡No salgas, no salgas, Toni, que éstos te van 

amatar! (Todos gritan.) 

Ya le oigo, ya sale. 

Pues á él. 

¡No Salgas! (Todos están con loa garrotes en el 

aire.) 



ESCENA II 



PAULA dentro, y luego sale. LUCAS, SILVESTRE, MATÍAS y 
OTROS. Paula viene por la masía, segundo término izquierda 



Paula 



Sil. 

Lucas 
Paula 

Sil. 
Paula 



(Dentro.) ¿Pero qué hacéis? ¡Si soy yol... ¡La- 
drones, que me matan! (Todos se contienen, me- 
nos Lucas que le da un garrotazo. La Paula sale.) 

(Escá apartado del grupo.) ¡Si es la Paula! ¡Si es 
la Paula! * 

¡Pues que salga el Toni en seguida! 
¡Pillos, retepillos, que me habéis dado un 
garrotazo á mí! 

No hagas caso, mujer, que iba para otro. 
Pues que le escueza á otro. 



_ 42 — 

Mat. ¡Q«e salga el Toni! 

Todos jkl To'nil 

Paula No está, ni sé donde se ha ido; (los otro du- 

dan.) por éstas que no sé á donde se ha ido. 
(Haciendo la cuz. 1 Si estoy sola en casa. 

Lucas Ya sabemos que las mozas no han vuelto 

de llevar la Virgen á la iglesia... quitándole 
á ¡San Francisco el altar mayor, que era 
suvo. 

Paula Y Jorge también está allí, y Lloren so; con- 

que basta de ruido. 

Lucas ¡Muchachos, vamonos: á ver si encontra-. 

mosaToni! 

Paula ¡Vaya, que me duele! 

Sil. (a phuIe.'. Conque. . usted perdone y no nos- 

ponga usted la cara fea. 

PAULA (envalentonándose contra silvestre, al ver que los 

otros se marchan.) ¡Desvergonzado, venir á pro- 
vocar á mi casa! (corriendo tras él con una es- 
coba ) 

Sil. Pero si yo soy el más manso. 

Palia tArre de aquí, arre! 

Lucas (saliendo co , ios demás.) Muchachos, vamonos 

por el otro lado, que viene el Padre Jua- 
nico. 

Mat. Sí, vamonos. 

PAULA ¡Ay, que vuelven! (Metiéndose en la casa.) 

SlL. PÚeS VO contra ella. (Corre tras de la Paula, que- 

na cerrado la puerta.) 

Lucas Reparad qué contento viene, (salen por la iz- 

quierda primer leonino) 

Sil. (Por la páui*;) Si no hubiese cerrado la puer- 

ta me las pagaba. 

PAULA (Saliendo.) ¿Aun estás tú aquí? (Corriendo tras 

de Silvestre.) 
SlL. (Mira alrededor, se vé solo y huye por la izquierda 

tras de los otros mozos, que ya se han maifhado.) 

¡Ay, no me dejéis solo, que viene ei diablo, 
» el diablo! 
Paula ¡Gracias á Dios que van á volver los de casa; 

no me gusta quedarme sola! (vase por la masía, 

puerta izquierda., 



— 43 



ESCENA III 

EL PADRE JUAN1CO. Después TERESONA por la derecha: muy 
cansada 

P. Jua. Me ha dicho Jorge que volviese después de 
llevar la Virgen. Aquí me tiene; piiu ixiñ 
ÜiL f ii t i'Li-K i tn hn|p ¡Todo como en mi tiem- 
po: la masía, los corrales! ¿Dónele estará 
Ton i? Y el chico quiere á la Rosó. Sino que 
es un pobre de espíritu, como yo era. Y los 
pobres de espíritu, cuando caen en la cuen- 
ta... ya les han quitado la novia. ¡Ahí Si es- 
tas paredes hablasen, y, sobre todo, si pu- 
dieran reírse, ¡cómo se reirían de mí por ha- 
ber callado tanto^j- tanto! Como que la 
pobre muchach$vsé' / hataá muerto sin sos- 
pechar siquiera que yo me consumía por « , , 
ella. & wi\ o e tá irvih i , y f wno ailiba l óe lo JgT 1 ^ iL Mo cl t 
VM^TT**^. ¡ Q. o vcrgüon.amod a^^^ 

( WH ' UJ ULUH l (Escondiendo la cara entre las manos; M 

después sonríe alegre, paseándole íiuetUHndp. cambiar . 'J 

de üea ) Fuera, fuera; rra Ti ni., i^in |mii<ir nn ' «) ,'J ^ 

f$b»Mw; á mirar por el bien de la Rosó y " e u ^ r S ul - L " 
de este muchacho, que Jorge y Llorensó van 

aprisa (volviéndose hacia la ensila y abriendo la 

pueita.) ¡Ave María Purísima! 
Ter. (saliendo ) ¡Hermano, hermano! 

P. Jua. Pero mujer, si ya te he dicho que no quería 

que me siguieses. 
Ter. Es que son cosas muy gordas las- que acabo 

de saber. 
P. Jua. Pues acaba de decirlas. 
Ter. Ante todo, que te han mandado llamar los 

de aquí Señalando á la masía.) porque quieren 

casar á la fuerza á la Rosó con el hijo de 

Jo t ge. 
P. Jua. Eso ya lo sé. 
Ter. Es que temo que no te atrevas á nada y que 

pases por esto, como pasaste por lo de la 

madre de la pubilleta. 

P. JUA. (Tapándole la boca enfadado.) ¡Teresona! (Pausa.) 



— 44 — 

Por eso; porque entonces callé, no callaré 
ahora. Yo no pude, pero éstos han de ser 
felices. 
Ter. A más de que yo defiendo al Toni, porque 

yo voy contra aquella. (Amenazando con el paño 
d la masía.) 

P. Jua. Sí, contra Paula. (Riendo.) 

Ter. Verás lo que pasa: los de la masía de las Ro- 

cas y otros se han juntado hoy en la posada, 
¿sabes? porque todos esos tienen que cobrar 
mucho dinero de Jorge. Y le han avisado 
por última vez que ha de pagarles, porque 
si no van á Levar el asunto por las malas 
hasta enviarlo á presidio. Así, porque cuanto 
debe, era dinero de la Rosó. 

P. Jua. Pues mejor 

Ter- No, porque Jorge está allí convenciéndoles 

que va á casar á su hijo con la pubilleta, y 
hasta ha tenido valor para pedirles más di- 
nero: el que necesita para la redención de 
Toni. Ellas le han contestado que si es ver- 
dad lo del casamiento, consentirán en todo. 

P. JlJA. (Enfadado con Teresona como si hablase con ellos.) 

Pues no consentirán, porque Llorensó no ha 
de .casarse con la chica, ¿entiendes? ¡Nues- 
tro Señor nos ayudará! ¿Oyes lo que te digo? 

¿Oyes? (Cogiéndole por un brazo con fuerza.) 

Ter. Pero si eso es lo que yo te digo. 

P. JUA. ¡Ah! SÍ, es verdad... (Sale Paula de la masía.) 

xVbora calla-, que viene Paula. 



ESCENA IV 

El PADRE JUANICO, TERESONA, PAULA 

Paula ¡Ay, señor rector! ¿Era usted el que lla- 

maba? 

P. Jua. Venía para hablar á Jorge. 

Ter, (ai Padre Ju»nico.) ¿Qué fastidiosa, eh? 

Paula * Jorge no debe estar lejos; pero, entre, entre. 

Ter. (ai Padre juanico.) Si te convida, no tomes 

nada, porque es capaz de envenenarte. 

P. Jua. (a Teresona.) Tú, vete á casa. 



— 45 — 

TER. (Cogiéndole por la sotana.) Yo no te dejo. 

P Jua. Pues esperaré á Jorge aquí en la era. 
Paula Como usted guste, señor rector; como usted 

gUSte. (Aparte y por Teresona.) Pues SÍ esperas á 

que yo empiece á hablarle... 
Ter. (Aparte. Por Paula.) Ya puedes mirar, ya; que 

yo como si no estuviese nadie. 
Paula (ai Padre Juanico.) ¿Y cómo encuentra usted la 

masía? ¡Han pasado tanto» años... 

P. JUA. (Que se va fijando en una ventana.) Como Siem- 

pre. 

Ter. ¡Vaya una pregunta! ¿Será bestia? ¿Que cómo 

encuentra la masía?... Buena, á Dios gracias, 

(Todo aparte.) 

P. Jíia. Es que nosutros envejecemos, y las piedras 
no envejecen. (Riendo.) Pues viejo y todo, aún 
treparía yo hasta aquella ventana. (Aparte á 
Teresona ) ¿Ves aquél clavo de alia arriba, Te- 
resona? Lo clavé yo (a Paula.) ¡Virgen Santí- 
sima, todavía está allí el clavo! (Con mucha ale- 
gría y estrañeza por ver que todavía so conserva un 
clavo grande que hay en la ventana.) 

Paula (Aparte.) ¿Qué querrá decir con eso del clavo? 

Ter. ¿Y qué? 

P. JuA. ('"on mucho interés á Teresona, olvidándose de Paula.) 

Oye: mira tú qué cosa tan rara; por ese cla- 
vo se casó Inés, la dueña de todo esto, la 
madre de la Rosó. 

Paula (no creyéndolo.) ¿Que por aquél clavo se casó? 

Ter. No le contestes á ella. 

P. Jua. (a Paula.) Sí, sí; como lo estoy diciendo. Ya 
quedó bien fijo el clavo, ¿verdad? Sucedió 
que un día al anochecer, había mucha gen- 
te en esta era. Y los muchachos empezaron 
á mirar á la ventana de Inesilla y á contra- 
puntarse sobre si pondrían una enramada 
de rosas y clavellinas en la ventana, ó si no 
podrían ponerla por no poder llegar hasta 
allí. Uno, apostando á que llego; otro, á que 
no llegas. Que no te atreves; que me atrevo. 
Vamos, que la cosa se tomó á empeño y to- 
das las mañanas lo primero que hacía Inesi- 
lla al levantarse, era sacar la cabeza por la 
ventana, para ver si estaba la enramada. 



— 46 — 

Durante la noche muchos lo intentaron, 
pero, ¡cá! tenían miedo á perder la piel; has- 
ta que la última noche del mes de Mayo, yo 
mismo, yo... 
Paula ¿Usted, señor párroco? 

Ter. (Tirándole de la sotana a! Padre Jnanico.) Cálkkte. 

P. JüA. (A Teresona.) Ya ¡lie fallo. (Disimulando.} Sí, 

digo... q*»e-yo mismo... fui el primero que 
vi que ya habían puesto el clavo. Porque 
como j r o era el buey ero... 

Paula Sí, era usted Juanico. 

Ter. Y ahora es el señor párroco. (Aparte.) ¡Qué á 

gusto arañaría á la Paula. 

P. Jua. (Aparte.) Oye, Teresona; si me distraigo me 
das un tirón de la sotana. 

Ter. Va monos. 

P. Jua. (a paula.) Pues una noche, yo mismo, vi á 
un muchacho encaramámlose por la pared. 
¡Y no podía, y al suelo; y vuelta á r.ubir; 
las manos } r los pies llenos de sangre; pero 
él arriba; aquello lo quiso Dios ó no sé 
quien lo quiso' En fin, que logró sentarse 
en la ventana y ya pudo clavar el clavo á 
gusto. Luego pasó por el clavo una cuerda 
y por ella se bajó; y por ella subió un ha/, de 
flores grandísimo. Tan olorosas, que aún me 
parece que las e?t y aspirando, f las rosas 
y los claveles ¡qu3 colores, pero el color rojo 
no era todo él de las flores, sino que había 

Sangre en ellas de... (Dándose golpes en el pecho.) 

Ter. ¡Herm ¡no! 

P. Jua. (Disimulando.) De aquel infeliz que las estaba 
poniendo. Y al otro día á la Inesilla, antes 
de abrir los ojos, ya la estaba despertando 
el olor á la enramada, (enternecido ) 

Paula ¿Y por eso vino á casarse Inés con mi her- 

mano? 

P. Jua. (Enfadado.) ¡Qué había de ser por eso! (Tereso- 
na le tira de la sotana ) VamOS, chiquilla... Veo 

que Jorge no vuelve. 

Paula ¿Qué es eso? ¿Le ha dado algo al señor pá- 

rroco? 

Ter. ¡Qué le ha de dar! Y oye tú ; al señor pá- 

rroco no se le pregunta. 



— 47 — 

Paula Contigo no hablo. 

Ter. Ni yo contigo. (El Pariré Jnanico se interpone.) 

P. Jua. Vamos á ver ¿quién sería el que puso el 
clavo? (a Teresona.) No se supo. Un día tu 
hermano (Per Paula.) pidió á lnesilla en casa- 
miento. Ella no le quería y lloraba, lloraba, 
diciendo que él tampoco la quería. Pero 
como tu hermano había oído hablar de la 
enramada, dijo que había sido él y de una 
cosa vino otra... y se casaron. 

Paula Pues yo siempre he oído decir que fué mi 

hermano. 

Ter. Pues no, señora; no fué tu hermano que fué 

el mío. 

P. Jua. (Avergonzarlo.) Calla, mujer. 

Paula ¡Tero qué había de ser él .. el infeliz!... 

P. Jua. (sin poner contenerse.) ¿Que yo no trepé hasta 
allá arriba? (Ríe paula.) Si me empeño, ahora 
mismo me subo. 

Ter. El es capaz de todo, (sigue r^nrio Paula.) ¡Aho- 

ra verás tú al bueyero, al infeliz, á Juanico! 
Ahora verás si puede: repara, repara, Paula 

(Se sube á unn piedra y después a otra más alta, apo- 
yándose en la pared.) 

Ter. ¡Por Dios, hermano! 

Paula ¿Pero qué hace? 

P. Jua. Mira, mira si subo. 



ESCENA V 

El PADRE JUANICO, TERESONA, PAULA, ROSÓ, CLIMENTA, 
PASCUALA, FELIPA y MUCHACHaS 

Rosó Pero si ya está aquí el señor párroco. 

P. Jua. Buenas tardes, muchacha*; ¿-pieréis que os 

eche un sermón desde aquí arriba? 
Ellas ¡Viva el señor párrocol 

P. Jua. Pues en nombre del Padre, del Hijo y del 

Espíritu Santo... me bajo. 
Rosó iNo se caiga! 

P. Jua. (a Pa„u.) Será otro día, pero ya veras como 

me subo. í.uendo coo intención.) Volvere cuan- 

do esté Jorge. 



— 48 — 



Paula Yo le diré que le espere á usted. 

Ter. Va} T a si volveremos. 

P. Jua. Lo que es tú no vuelves. (Aparte.) Vamos. 

(Salen por la derecha.) 

Oirás Adiós, señor rector, adiós. 



ESCENA VI 

ROSÓ, CLJMENTA, FELIPA, PASCUALA y OTRAS MOZAS. Después 
viene TONI 

Rosó Ahora sí que estamos alegres, ¿verdad? 

Fel. Vaya si estamos alegres. 

Clim. Yo de tanta alegría no sabía por donde iba, 

y tropezaba. . tropezaba... 

•Rosó ¡Como que hacías tambalearse á la VirgenI 

Pues si por tu culpa llega á caer la imagen 
de las andas, mejor hubiera sido que nos 
hubiéramos muerto todas de repente. 

Pas. Dios nos libre. 

Clim. ¿Habéis visto cómo nos miraba el señor 

cura cuando subimos la escalera de la ma- 
sía y entramos á buscar á la Virgen? Suspi- 
raba el señor cura de una manera que pa- 
recía que se ahogaba: así propiamente. Y 
después, cuando nos paramos para descan- 
sar y dijimos aquellos Padres-nuestros y 
aquellas Ave-Marías... él se limpiaba los ojos 
¡porque le caían unos lagrimones!... ¡toma,, 
toma! y mientras rezábamos se volvió hacia 
el establo y procuraba contenerse; pero la 
verdad es que lloraba y reía al mismo tiem- 
po. Conque á ver quién no tropieza viendo 
esas cosas. 

Fel. ¿Y por qué reía? 

Rosó De contento, mujer, porque venía con nos- 

otras. Y porque hace muchos años que no 
había estado en la masía. Y más que todo 
porque acompañaba á la madre de Dios y 
porque la música y el campaneo... vamos, 
reía por lo mismo que nos estamos riendo 
ahora; porque no noá cabe la alegría dentro. 



Paula Como que parece que hoy es la fiesta. 

Fel. Pues no lo es hasta mañana. Conque oye, 

tú (a una moza.), vamonos á casa, que nos re- 
ñirá madre. (Algunas de las muchachas se han ido 
quitando las mantillas ó las capuchas. Toni viene de 
la izquierda con un h»z de paja grande sobre la cabe- 
za. Va á los establos.) 

Rosó (Muy alegre ) ¡Mirad al Tonil ¡Toni! 

ToNI ¡ROSÓ! (Ríe y sigue pasando.) 

Clim. ¡Toni! ¡Hermano! 

TODAS ¡Toni! ¡Toni! (Le rodean cogidas de la mano y dan 

las vueltas bailando.) 

Toni Que voy cargado, que vais á hacer que me 

se caiga la paja. 
Todas Pues baila, ancla, que así bailará también la 

paja. 

ROSÓ (No ha tomado parteen eljjego. Dice aparte.) Pa- 

recen locas. ¡Vaya, qué les importa á ellas 
el Toni! ¡Me da rabia, ea!... (Golpeando con 
un pie.) 

Clim. (por el Toni.) No le dejéis pasar. 

Ellas Que no pasas... que no pasas... 

Toni Os digo que tene,o que hacer... que los bue- 

yes tienen hambre. 

Rosó ¡Dejadle pasar! ¡Que le dejéis pasar! (Rompe 

el círculo a golpes. En medio de la gritería, Toni se 
mete en el establo.) 

Clim. ¡Con sólo ver á Toni, ya me bailan las pier- 

nas solas! Y es muy guapo Toni, ¿verdad? 

Fel. Siempre quiere bailar contigo. 

Rosó (Aparte.) Pues no bailará más con la Chínen- 

la. (Muy enfadada.) Yo me voy á casa. 

Clim. Y nosotras también nos vamos. 

Rosó Bueno. 

Clim. Como tú no bailas, ¿á tí qué te importa? 

Rosó Pues por eso he dicho que bueno. 

Paula ¡Qué cara tan' enfadada tiene! 

Rosó Idos de aquí. 

Clim. Pues no queremos que estés enfadada. 

Rosó Pues yo quiero estarlo, ea. Y lo estoy, sí lo 

estoy (Elias se ríen ), y no quiero que os riáis. 

(Les echa por el suelo las mantillas para que se las 
lleven.) 

Fel. La Rosó está enfadada. 



— 50 — 



Clim. Se enfadó con nosotras. (Riendo.) Hasta la 

noche, Rosó, hasta la noche, (salen las mujeres 

por los dos lados de la escena moyiendo algazara.) 



ESCENA VII 

ROSÓ. Después TONI. La Rosó queda sola en medio de la escena y 
cabizbaja. 

Rosó Yo quisiera pegar á alguien á ver si me pa- 

saba la rabia. ¡Asíl ¡Así! (Pegando con un pie en 
el suelo ) A esta Climenta la tengo atravesada 
y no me puede pasar. |Vaya, que no me 
pasal ¡Que bailará esta noche con Toni, que 
bailara y que bailarál Pues no bailarán, que 
yo no quiero, y ya está dicho. (Toni viene de 
ios corrales.) Ya está aquí Toni. 

Toni Rosó, ya traigo el libro de la doctrina para 

leer y el cartapacio para que escribas, y 
traigo la tinta y traigo la pluma. ¡Esto se 
llama plumal JKn fin, lo de todas las tardes. 

(Lo pone todo sobre una gran piedra que hay en la 
era, menos la doctrina.) 

Rosó Me parece que tengo clavada una aguja en 

el pecho y que no quiere salir. 

Toni Pues mira, Rosó, ya no puedo guardar el li- 

bro de la doctrina en el pesebre del buey 
negro, porque le he sorprendido hoy que 
empezaba á comerse el Catecismo. [Mira tú 
el hereje, el judío! Mira, mira. (Enseñándole el 

libro.) 

Rosó Hoy no estoy para libros ni para doctrinas. 

(Tirándole el libro al suelo.) 

Toni Es que esta noche no podremos dar la lec- 

ción; porque, ya sabes, hoy es la víspera de 
Nuestra Señora, y aquí en la era... 

Rosó ¿Qué? ¿Qué va á pasar aquí en la era? 

Toni Pues, como siempre; que hoy se baila, (rosó 

hace un movimiento de rabia. Toni se acerca con el 

libro abierto.) Aquí hemos llegado. Toma; así 
(Leyendo.): «Las obras de... mi... miseri... mi- 
sericordia... son... catorce. La primera...» 



— 5t — 

Rosó ¿Y á ti qué te importa que se baile esta no- 

che en la era? 

Toni (Leyendo.) «Catorce... La segunda., dar de 

comer al...» 

Rosó Sí, sí, al hambriento. Y tú, ¿qué vas á hacer 

esta noche' en la era? 

Toni «La tercera... dar de beber... > 

Rosó ¡Qué vas á hacer en la era, te pregunto! 

Toni «La cuarta...» 

Rosó No. 

TONI «La CUarta...» (l.a Rosó le pone la mano encima de 

lo que lee.) Bailar con la Climenta. 

Rosó Es que yo no quiero que bailes con la Cli- 

menta. 

Toni «La quinta... dar posada al...» 

Rosó Que no quiero. 

Toni «Peregrino.» Si ya te he dicho que no puedo 

menos de bailar cuando tocan. 

Rotó Pues ya no te enseño á leer ni á escribir. 

Quédate burro para toda la vida. 

TONI (Va recogiendo papel y tintero lentamente.) Bien 

está; ni sabré leer ni sabré escribir, y así es- 
tarás tú contenta, que, como seré un burro, 
no podré estar aquí y me iré á ser soldado. 
Y no sabrás nada de mí. Y yo no sabré nada 
de ti, y con la pena ya no bailaré; conque 
iré adelgazando hasta morirme del todo. Y 
tú ni siquiera sabrás que se ha muerto este 
pobre burro, ni sabrás el adiós que te dé 
al morir; bueno, bueno, } 7 a me voy: ya no 

me Verás... (Se va hacia los corrales.) 

ROSÓ (Llamándole cuando está lejos.) ¡Toni, Toni, aquí 

ahora mismo! (El hace que no lo oye.) 

Toni ¿Es á mí á quien llamas, al borrico? 

Rosó Oye: quiero que sepas ker y escribir; quiere 

aprender á bailar en seguida. 

Tcni ¿Tú quieres aprender á bailar? ¿Y tú quie- 

res que yo te enseñe? 

Ro.- ó Sí, sí; para bailar esta noche, toda la noche, 

y cuando vaya la Climenta á buscarte le di- 
ces que tienes comprometidos todos los bai- 
les conmigo. 

Toni Ya lo creo. ¡Y qué alegría más grande! Pues 

vamos á empezar. 



— 52 — 
Rosó Pues empecemos. 

TONI Ven. (Queriéndola coger.) 

Rosó Mo, cogidos no. Tú allá, yo aquí. 

Toni Es que ahora no se baila de ese modo. Ve- 

rás, déjame hacer á mí. 
Rosó (Muy seria.) Que te estés quieto. Que no quiero 

que me COJaS. (Huyendo.) 

Toni ¡Ay, ay! Pero, de ese modo,- ¿cómo vas á 

á aprender'? 
Rosó Sí, es verdad. Pero oye tú, antes vamos á 

« dar tu lección. A escribir. 
Toni Como ayer .. Tú escribes una palabra, y yo 

después la pinto debajo. 
Rosó Así no vas á aprender nunca. Así se tarda 

mucho. (Arrodillándose en el suelo para escribir en 

la piedra.) Mira, como si yo te estuviese escri- 
biendo, ¿entiendes? Como si tú estuvieras 
muy lejos y yo te escribiese. 

Toni Sí, sí; anda, vé poniendo algo. 

Rosó Ahora verás. Has de saber que desde aquel 

día que te pegué por última vez... es un de- 
cir, ¿sabes? 

Toni Sí, ya lo sé. Pon que yo te diré: «Desde aqueL 

día las plantas del huerto se secan todas.» 

ROSÓ (Levantando la cabeza.) ¿Se Secan? 

Toni (Dictando.) «Porque Toni no las riega». 

Rosó Bueno: (Escribiendo.') «Y yo tampoco las quie- 

ro regar; y yo estoy muy triste y se me pa- 
san los días llorando...» (Llorando.) 

Toni (Dictando.) «Y yo no hago más que llorar.» . 

Rosó jCalla tú! (Escribiendo.) «Y yo quisiera que 

volviese Toni para poderle pegar mucho y 
hacerle rabiar.» 

Toni Sí, sí, eso. (Dictando.) «Que si la Rosó no me 

hace rabiar yo me muero...» (los dos gimotean 

fuerte. De pronto la Rosó se le venta y tira la pluma, 
con furia.) 

Rosó ¡Toni! ven á bailar. 

Toni ¿Pero tú quieres, Rosó? , , 

Rosó ¡Sí, quiero que me enseñes á bailar! ¡Cóge- 

me, cógeme bien y á bailar de prisa, (Abra- 
zándose á él.) 

Toni (Dando vueltas con ella.) Así... sigúeme, da lá 

vuelta conmigo, cierra los ojos. 



— 53 — 

Rosó No quiero; que no vería, y quiero verte. Sos- 

tenme, sosteame. 
"Ton i Sí, bien fuerte. 

Rosó Ahora está pasando la casa. Ahora pasan 

los corrales. 
Toni Ahora lo que pasan son todas las alegrías 

del mundo (Se oye la vez de Jorge dentro.) 

Rosó Escucha, me parece que oigo voces. 

Toni Puede que sea la Climenta. 

ROSÓ ¿La Climenta? (Levantándose con rapidez.) A bai- 

lar otra vez. 
"Toni Pues anda. 



ESCENA VIH 

ROSÓ, TONI, JORGE, LLÓRENSÓ, Jos dos últimos vienen por la 
derecha 

JORGE ROSÓ, ¿qué es eSO? (Rosó ha oido á Jorge y quio- 

re escaparse.) 
ROSÓ jAh! ¡TiO Jorge... tío Jorge! (Para avisar á Toni 

que no le ha visto.) 

Toni (separándose y aparten jBatúal Ahora que íba- 

mos á bailar tan bien. 

Jorge (a Toni) ¿Es este tu trabajo? ¿Es esta hora 

de bailar? 

TONI (Recogiendo el tintero y demás ) Es que no bailá- 

bamos: escribíamos. 

Rosó ¡Y yo quería que me enseñase á bailar, por- 

que me gusta!... Que me vuelvo loca. 

Llok. ¿Quieres que te enseñe yo y aprenderás más 

pronto? (Toni al oirle se detiene.) 
ROSÓ (Corriendo hacia casa.) No, 110, que me VOy 

adentro. 
Jorge ¡Espera, Rosó; ven acá, vaya un azogue! 

ToNI (Deteniéndose en la puerta del establo y deletreando 

la doctrina.) Visitar á los enfermos... 
Jorge Tú á quien tienes que visitar es á los bue- 

TONI (Pegando un golpe en el libro y cerrándole.) ¡Que 

rabia! Ahora que ella quería bailar... 



— 54 



ESCENA IX 



ROSÓ, JORGE y LLORENSO 

Llor. Oye tú, Rosó, si tú quieres, yo te enseñaré & 

bailar; no como bailan aquí esos bestias,, 
sino como se baila en la ciudad. 

Rosó No, si lo que yo quiero es bailar, como bai- 

lan las de por aquí. Y ya empiezo, ya em- 
piezo; 110 te apures. (Moviendo los pies distraída,, 
como ensayándose.) 

Jorge Es que tú no has de andar mucho tiempo- 

mezclada con esa gente de pueblo. 

Rosó ¿No? 

Jorge ¡No, poique tú eres mucho más que toda 

esa gente, como que eres la pubilleta! La 
heredera de MasRoser. 

Llor. Como que no hay en muchas leguas al re- 

dedor ni otra tan guapa como tú, ni tan... 

Rosó Pues la Pubilleta de Mas-Roser solo piensa 

ahora en que la cabeza le da vueltas. (Bailan- 
do á ratos. Aparte.) ¡Qué lástima que no estu- 
viese aquí Toni. 

Jorge Atiende, (eiu sigue bailando.) Rosó, atién- 

deme. 

Rosó Vaya usted diciendo, ya oigo, ya. (sigue bai- 

lando. Jorge indica á LloTensó que la detenga.) 

Llor. (poniéndose delante.) Espera un poco, mujer. 

Rosó Si ya os oigo bien. La pubil'a, sí. Sí, ya lo- 

sé desde hace mucho tiempo. 

JORGE (Cogiéndola por una mano y obligándola a sentarse.) 

Siéntate, siéntate. (Fingiendo cariño.) Pero lo 
que tú no sabes, porque no te fijas en nada, 
es que me voy volviendo viejo y que no- 
puedo trabajar mucho. 

Rosó ¡Ay, pobre tío! ¿Con que se vuelve usted 

viejecito? Pues esto sí que no lo sabía. 

Jorge Pues sí, hija, sí; y conviene que vayamos 

pensando cómo se ha de arreglar esto, para 
que alguien cuide de las tierras. Y es preci- 
so que te quiera mucho para que todo lo 
haga con interés; que tome cuentas, vigile,. 



— 53 — 

que impida que nos aumenten las contribu- 
ciones... (Rosó entretanto mueve los pies impa- 
ciente.) porque si la masía empieza á derrum- 
barse... ¡pero muchacha!... 
Rosó Pues todo eso usted mismo. Si empieza á 

derrumbarse... (Levantándose y comenzando á bai- 
lar.) Pues si empieza á derrumbarse... Toma 
que la apuntalen. Eso usted mismo, usted 
mismo. 
Jorge (Enfadado.) (Voy perdiendo la paciencia.) 

Llor. No hacemos carrera con esta muchacha. Si 

parece que está loca. 
Jorge Rosó, estáte quieta y escucha: (cogiéndola por 

un brazo y rabioso.) te dlgO que escuches. , , 

Rosó Quejándose.) ¡Ay, ay! queme está haciendo 

daño. 

Llor. Ven acá, Rosó; si te queremos mucho. 

Rosó Pues yo no te quiero á tí. Me das miedo 

con esos ojos y esas barbazas. (Dándole un em- 
pujón porque él se había acercado á ella.) 

Jorge (ofendido d3i desprecio á Liorensó.) Lo que siento 

es no haberte hecho más daño, porque no 
tienes sustancia para nada y porque ade- 
más eres una desagradecida. 

RoSÓ (Con resentimiento, como una chiquilla.) ¿Que yo 

soy desagradecida? ¿Pues qué he hecho yo? 

Jorge Sí, una desagradecida. Porque después de 

tanto como mi mujer y yo hemos procurado 
por tu bien, ni nos quieres, ni te tomas el 
trabajo de disimularlo. Y mira tú, ¿qué hu- 
biera sido de esta casa, si cuando murió tu 
padre, no hubiese yo cuidado de ella? Ydes- 
pués cuando murió tu madre ¿qué hubieras 
hecho tú sola en el mundo sin la Paula? 
¿Qué hubieras hecho? contesta. 

Rosó ¡Y qué sé yo! Yo hago lo que me mandan y 

no sé nada de eso que usted dice. 

Jorge Este pobre Liorensó, ¿qué te ha dicho para 

que le maltrates? Pues entiéndelo bien; si 
ha vuelto al pueblo ha sido sólo por tí, ¿lo 
entiendes ahora? 

Llor. Déjela usted, padre. 

Jorge (Colérico.) Pues maldita, ya se te acabó el ha- 

cer lo qué te da la gana; que desde ahora el 



— 56- 
que manda aquí soy yo. Y voy á coserte á 
las faldas de tu tía y me vas á obedecer á 

mí. (Ella llora y grita.) 

Llor. (a jorge.) Vayase usted, padre, que usted no 

entiende de estas cosas. 

Jorgk Es que nos va á dar qué sentir esta chiqui- 

lla. (Rosó sigue á Jorge, va hacia ella; Llorensó la de- 
tiene.) 

Llor. Vayase, que yo me quedo. 

Jorge Sí, me voy, porque si no no voy á poder 

contenerme. 



ESCENA X 

ROSÓ y LLORENSÓ 

Rosó ¡Yo no he hecho nada malo! pues ¿por qué 

me pegan? 
Llor. Vaya, mujer, que no es para tanto. Es que 

él quisiera que todo el mundo te respetase. 

Porque } r a no eres una niña, eres una mujer. 
Rosó (Que se ha ido calmando.) ¡Mire con lo que salen! 

Yo no soy una mujer, soy una chiquilla, 

(Dudando de la sinceridad de él.) ¿Sabes tú? aun- 
que me ves tan grandullona. Todavía sueño 
que tengo á mi madrecita viva y me hace 
dormir en su falda, contándome cosas. 

Llor. Es guapa, va}' a si es guapa. 

Rosó (va tranquilizándose.) Oye tú; anoche mismo he 

soñado con ella; toda la noche soñé con mi 
madrecita, y pasé una noche más alegre... 
como qut¡ me desperté riendo como una 
loca; y después lloré dd rabia conmigo mis- 
ma; porque eso de reírse cuando se nos apa- 
rece la madre que ha muerto, es una cosa 
muy mala. 

Llor. Sí, dices bien; pero escúchame, porque yo 

también he soñado. 

Rosó ¿Tú también? 

Llor. Pues he soñado que me iba á la ciudad á 

comprar muchas joyas muy hermosas. 

Rosó ¿Sí? 



Llor. Ya lo creo. Una caja muy grande, toda ella 

llena de joyas pulidas y brillantes. 

Rosó ¿Y qué hiciste de la caja? 

Llor. Oye, mujer; compré ante todo una cadena 

de oro fino. 

Rosó ¿Muy larga? 

Llor. Tan larga como tú quieras. 

Ros») ¿De las que dan tres vueltas? 

Llor. Tres vueltas. 

Rosó ¿Y qué más? 

'Llor. Unas sortijas con piedras blancas y encar- 

nadas y otras muchas cosas. Y todo se lo 
di... á ella... á mi novia, y ella estaba muy 
contenta. 

Rosó Ya, muy contenta. 

Llor. Es claro. Como que eras tu, mujer; pero ¿no 

lo comprendes? 

Rosó (ofendida.) Yo, yo no era. 

Llor. ¿Pues quién había de ser la que estuviese 

tan contenta? 

Rosó Te digo que no estaba contenta. Y no quie- 

ro que SUeñeS esas COSaS. (Quiere irse.) 

Llor. No, Rosó, no te vas, que has de oirme. 

Rosó Suéltame; déjame que me vaya. 

Llor. Mira que no estoy acostumbrado á que me 

desprecien, ¿lo entiendes? 
Rosó (Llamando.) ¡Toni, Toni, Toni! 

Llor. Mira que soy capaz hasta de matarte. 

Rosó (Ha huido de él y habla desde la puerta de la masía.) 

¡Pues no te quiero, no, no; no te quiero! 

¡Eres malo, muy malo! 
Llor. Ven aquí, Rosó. 

Rosó No, te lo he dicho; ¡no te quiero! (Desaparece.) 



ESCENA XI 

LLORENSÓ y TONI 
TONI ¿A dónde vas? (Saliendo al paso desde la cuadra.) 

Llor. ¡Qué te importa! 5 

Toni Quiero saber qué le pasa á la Rosó. 

Llor. ¿Y por qué has de meterte con nosotros? 

Toni Juraría que la Rosó se ha ido muy rabiosa. 



— 58 — 

Llor. (Disimulando.) Pues la erraste; ¿es que yo pue- 

do querer nada malo para esa muchacha? 
Toni Por más que lo quisieras... sería lo mismo... 

mira. (Poniéndose el dedo pulgar en la nariz.) 
LLOR. (Cuadrándose provocativo.) ¿Qué e3 eSO? 

TONI (Remedándole.) No es liada. 

Llor. Largo de aquí. 

Toni (Aparte.) Todo el mundo me echa. A ver qué 

i hace aquélla. (Va hacia la masía.) 

Llor. Te digo que dejes á la Rosó. La dejas ahora 

y la dejas sipmpre, ¿oyes? siempre. 
Toni ¡Siempre! ¿Y por qué ha de ser siempre? 

Llor. Porque sí y porque yo lo mando. 

TONI ¡BatÚa! (Empezando á enfadarse.) PlieS SÍ tiene 

que ser así, que me lo mande ella. 

Llor. ¿Es que no sabes quién soy yo? 

Toni ¡Ay, a}'! Tú eres Llórense. 

Llor. Justamente, Llorensó. Y Llorensó ha de 

mandar en tí y en todo el mundo, porque 
la Rosó ha de ser mi mujer, conque se aca- 
bó el andar siempre con ella y en meterte 
en lo que no te importa. ¡Ea! Allá dentro á 
tus quehaceres y hemos acabado. 

Toni Pues me ha dejado ese hombre como si me 

hubieran echado encima una caldera de 
agua hirviendo. [Cómo había de figurarme 
yo que había de casarse ella con un hombre 
como éste!' ¡Y no ser yo aquí nada para 
ella!... ¡Maldito sea el mundo, y maldito ese 
hombre, y maldito yo... maldito y maldito! 

(Llorensó iba hacia la masía y Toni le ha ido si- 
guiendo.) 

Llor. ¿Qué refunfuñas? 

Toni ¡Batúa! 

Llor. ¿Qué dices? 

Toni Pues decía, ¡maldito sea y maldito sea! 

Llor. ¿Quién? 

Toni Quien yo me sé. 

Llor. Quita allá que eres un bobo. 

Toni (Furioso.) Pues sí, á tí te lo decía y te lo digo. 

Llor. ¿A mí me lo dices? ¡á mí! 

Toni (Fuera de sí ) ¡A tí, á tí! porque Rosó no se ca- 
sará contigo. 

Llor. Vete. 



— 59 — 

Toni Y ahora yo soy quien te digo que no la ha- 

bles más y que no la atormentes más. 

Llor. ¿Y quién eres tú? 

Toni Quien te hará pedazos si haces llorar á la 

Rosó. 

Llor . (cuadrándose.'! ¿Tú á mí, valiente? 

Toni Yo á tí", y por cada lágrima de la Rosó, te- 

doy un garrotazo. 

Llor. Pues empieza. 

Toni Con más, que si te casas con ella. . . te mato, 

te mato y te mato. 



ESCENA XII 

TONI, LLORENSÓ, EL PaDRE JUANICO que viene de la derecha y se 
coloca rápidamente entre los dos 

P. Jua. ¿Qué es esto? ¡Toni! ¡Llorensó! 

Llor. Es este-pedazo de bestia. 

P. Jua. Toni, con los de allá dentro; (Por el establo.) y 

Llorensó por el otro lado. 

Llor . Bien está. 

P. Jua. Conque fuera de aquí. 

Llor. Es que ese se figura... 

P. JUA. Vamos pronto. (Llorensó se va retirando hacia la 
izquierda.) 

Toni Es que ese, va contra mí.., 

P. JUA . Ni una palabra más. (Toni también va retirándose.) 

Llor. (Aparte, y sale por la izquierda.) Hoy ha de que- 

dar lista la boda. 

TONI (Deteniéndose en la puerta del establo.) Señor rec- 

tor, es que él se quiere casar á la fuerza con 
la Rosó. 



ESCENA XIII 

EL PADRE JUANICO, después PAULA y JORGE 

P. Jua. (a Toni que se va.) ¡Que no te oiga! ¡Cuánto la- 
quiere el pobrecillo! Euonoi al fia me lila i'é 
do"T'orotiontt y estaré mío non Jwrge; vamos 
á arreglar esto. 



A 



- 60 — 

Paula (saliendo de la casa.) Ya está aquí Jorge. 

Jorge (sale también de la casa.) Muy buenas tardes se- 

ñor párroco. 

P. Jua. Buenas tardes nos dé Dios. 

Jorge He tenido carta de mi pariente el canónigo; 

el que ha logrado que usted viniese de pá- 
rroco al pueblo. 

P. Jua. ¿Sí? hombre me alegro, me alegro. (Mirando 

al clavo.) 

Jorge (con intención.) Me ha dicho que el día que 

convenga no costará mucho trabajo hacer 
que vaya usted de párroco á otro pueblo. 

P. Jua . Si yo no quiero moverme de aquí hasta que 
me muera. 

Jorge (Fingiendo bromear.) Eso lo veremos, señor pá- 

rroco. 

P. Jua. No soy ambicioso, muchas gracias. (Aparte.) 
(Ya te entiendo, pillastre.) 

Jorge Mira, T i S e e g wa la Rosó j iiTiln.ili.iiik.qLU. vt*4pi/ 
11 1l>. I ¿ 



wmm 



ESCENA XIV 



EL PADRE JUANICO y JORGE 

Jorge Gran día mañana para esta casa. 'Todas las 

cosas grandes que han pasado aquí... han 
pasado tal día como mañana. 

P. Jua. Sí, sí. La Virgen Santísima la protege siem- 
pre. (Aparte.) 

Jorge Señor párroco, le voy á dar una buena noti- 

cia. Mañana en la misa mayor ha de echar 
del pulpito abajo á mi hijo. Así decimos por 
acá. Ea, que tiene que amonestarle con la 
Rosó. 

P. Jua. Bueno, bueno, (pausa.) ¿Sabe usted que hace 
una tarde muy hermosa? ¡Y qué cielo! ¡y qué 
airecillo tan suave!... No parece sino que es- 
tarnos en primavera, ( Pausa.) Bueno, hombre, 
bueno. 

Jorge ¿Es que quiere usted decir algo, señor pá- 

rroco? 

P. Jua. Sí: quería decir que me parece cosa extraña 



— 61 - 

que haya usted escogido una tarde tan her- 
mosa para darme esta sorpresa. 

Jorge (Rieudo) ¡Qué buen humor gasta el Padre 
Juanicol 

P. Jüa . Juanico, eso es, Juanico. El que fué buey ero: 
para servir á usted. Recuérdemelo, recuérde- 

melo siempre. (Quiere decir que esto le da fuerza.) 

Jorge (Disimulando y riendo.) Pues por eso puse empe- 

ño, que fuese usted nuestro párroco; porque 
me figuraba que tenía usted mucho cariño á 
todo lo de esta casa: ya veo que no me 

he equivocado. (El Padre Juanico ha cogido una 
"™ "'especie de azadórTque liene puntas de acero en vez de 
pala y que sirve para sacar el estiércrl del establo y 
lo empieza á balancear mientras canta por lo bujo y 
entre dientes, algún canto de iglesia.) 

P . JJjA . (a media vo?.) Gratia plena. . . Dominus tecwm... 
(uiendo.) Vaya, de qué cosas se acuerda uno 
de pronto. 

JorAe ¿De qué, señor párroco? 

P. Jüa . Que estando yo con uno de estos orquillos 
sacando el estiércol de ese establo, veo venir 
por allá abajo, con una brazada de pámpa- 
nos á Inesilia, y aparece un hombre que no 
sé ú era un mendigo ó uno de esos ladron- 
zuelos que roban gallinas. Aquel hombre 
echa á correr tras de Inesilia; pero yo en 
cuatro saltos me planto delante de él levan- 
tando esto, y si no aparta la cabeza se la des- 
hago. El se revuelve como un escorpión y 
me pegó un palo tan fuerte que me rompió 
este brazo, (ei derecho.) Yo vine á tierra y él 
se dio á huir; el brazo me lo curaron en la 
masía, pero mire usted, cuando voy á echar 
una bendición me duele. Yo digo que lo per- 
mite Dios para que no me olvide nunca de 
que por poco mato á un hombre. Bien está; 
pues ahora me encuentro, conque todo está 
lo mismo que antes; que yo por dentro soy 
el mismo hombre que antes, y estos orqui- 
llos son como los orquillos aquéllos; y la Ine- 
silia no ha muerto, que está allí dentro, 
(Golpeándose el pecho.) y yo por ella estoy siem- 
pre lo mismo, y tan dispuesto, que quieran 



— 62 — 



dañarla pobres ó que quieran aanaria laaro- 

neS... (Balanceando el orqnillo y tarareando.) \ 

Jorge Es que usted, señor párroco no me ha enten 
dido; porque lo que quiero sobre todas las 
cosas, es que ella sea muy feliz. 

P. Jua. ¿Que no quiere usted más que su felicidadr 
Entonces todo va bien y todos vamos juntos 
¡Al establo! (Arrojando el orquillo hacia aquel lado 
lni il 1 lili llliini ii lili lll|il lili ill II lili ) 



ESCENA XV 



Rosó 

JOKGE 




EL PADRE JUANICO, JORGE y ROSO 




■ Al l UlU tüll 



liauyi , 



Rosó 




Jorge 



Ww 



Espera. 

No; la tía me llama. 

(Con - ! -''"n"lj|..) Tp hr (]' ln]nn q"° oopnvnn.y.qllJ» 

aatttaateaj ¿No te queremos mucho, mucho, 
todos nosotros? Yo... la Paula... en fin, todos. 
Di la verdad, dila. 
¡Ayl ¡ayl ¡ayl yo me figuro que si me quieren 



■^sppww^ÉWftrpecgrló lUbriá! consentir esta» 
cosas. 

(Echando á la Rosó un brazo al cuello y sentándola i 
su lado y apretándola con el brazo.) Veil, R0S( , 

ven. . 

(Aparte.) (Juanico, ánimo que ahora va á emfr 
4ieza*^—— — '"' ■" ■■—...-..■ 

No estés tan seria, tontina, que te voy á dar 
una alegría muy grande. (Dándole un golpe en 

las rodillas y riendo como en juego.) ¡Qué envi- 
dia cuando lo sepan las otras mozas! 

iuui ¡, uiu w p * ..) Ilaa lo" e pj p 



[JWlUUUÜIJJl, 1 HftflBC 

qaiui ' iiu, quu'iiu (u rjnUliiJs rnn ln tuya . 

Rosó Sí, ¿qué me ha comprado usted? 

Jorge ¿Qué es eso de comprar? ¡Es mucho más, 

es que vamos á casarte!... (Riendo.) ¡Ríe, mu- 
jer, ríe!... (Ella baja loa ojos.) 

P. Jüa. Responde, Rosó; ¿es que estás conforme con 
eso que dicen? 



— 63 — 

Jorge (Riendo.) Claro, ¿pues no ha de estar? ¡Ríe, 

mujer, riel 

ROSÓ (Temblando y sil levantar los ojos.) De modo que 

tendré que ser una mujer... así... como la 

tía Paula... (Mirando á su tío; de pronto.) ¿Yo? 

¿Dice usted que yo? 
Jorge Una mujer, sí; pero con vestidos muy ma- 

jos y todo muy por lo rico. 

ROSÓ (Mirnndo cara á cara de pronto al Padre Juanico.) 

Yo, dice que yo. 
P. Jua. Sí, tú. Es decir, si le quieres de corazón. 

(Limpiándose el sudor y aparte.) |DÍOS mío, Señor 

mío, ayúdanos! 



ESCENA XVI 

ROSÓ, EL PADRE JUANICO, JORGE, LLORENSÓ por la izquierda, 
y después TONI 

Jorge Mira á Llorensó, mira qué contento viene, 

¿verdad que le querrás mucho, hija? 

Rosó ¿Dice usted, si yo... si yo?... No sé... 

Llor. Si me querrá. Ya lo creo; tanto como yo 

á ella. 

P. Jua. Vamos despacio: aquí no se r abla claro, y 
hay que hablar muy claro. 

Jorge ¿Más claro lo quiere usted aún? Que ma- 

ñana el señor párroco echa la primera amo- / 

nestación para la boda de Rosó con LAwen- 1 w* rWp 
.S& y á comprar los regalos y las ropas, (vol- 
viendo a echarle el brazo al cuello.) 

P. Jua. ¿Que yo he de amonestarle?... Rosó, ¿qué 
dices tú? 

JORGE (Cogiéndola de un brazo y sacudiéndola.) ROSÓ, res- 

ponde, ¿verdad que quieres lo que nosotros 
queremos? ¿Aparte á rosó.) ¡Contesta que sí! 
¡Contesta que sí, que sí! 

Rosó ¡Que SÍ! ¡Ay madrecita mía! (Alegría de Lloren- 

só y Jorge ) 

Jorge ¿Lo ha oído usted ahora? 

P. Jua. (Desesperado.) ¡Pero si está llorando! 

Llor. Gracias, Rosó, gracias. . 



64 — 



Toni (Entrando muy alegre.) Pronto vendrá la gente, 

que es la hora del baile. 
P. Jua. (Muy satisfecho.) ¡Ah, Toni! ¡Ya está aquí 

Toni. 
Toni Y la gente del baile también, (a Joige.) 

« fry i i TTrtf i A .i íinn nn Iríjuj, (niyuuiu i 



t 



¡Pues si soy yo mismo! y ahora veremc 
guión ffinn 




Jorge Llórense, corre. Haz que venga la Paula. 

(Llórense- se va á la casa.) 
ToNI (Al Padre Juanico, no comprendiendo lo que pasa.) 

¿Está asustada Rosó? ¡Me parece que llora! 
P. Jüa. Ahora verás. 



ESCENA XVII 



DICHOS y TERESONA, y mozas que vienen por la derecha. HILA- 
RIO, PAULA y LLORENSÓ por la casa. Por distintos lados balen 
LUCAS, SILVESTRE, MATÍAS y MOZOS, y CLIMENTA, PASCUA- 
LA, FELIPA y MOZA8. Paula se agrega al grupo de su marido. 
Teresona é Hilario al de el Padre Juanico. La Rosó sigue al lado 
de Jorge, llorando 

Ter. (saliendo.) ¡Ah, picaros! Ya está aquí la Paula. 

(Paula, que sale al mismo tiempo, y Llorensó.) 
P. JuA. A Callar todo el mundo, (Rumor de Teresona 

con los suyos, y de Paula con los otros.) que ahora 

soy aquí Juanico, ¡pero el Juanico que 

manda! 
Jorge ¿Que usted manda aquí? 'Eíujjm? lili! V U 11! á ln 

oro chac ha. 
P. Jua. Si i y$<K% h | nmido i. quieto. La Luueliaclm ay 

¡queda aqlu. Y su hijo de usted lejos de ella. 

Y todo el mundo lejos de ella, (separando i 

iosó de Jorge.) ¿No se trata de hacer una 

joda? Pues hay que cumplir lo que manda 

La rgjpsia- : — : : — y . ■ ,_, — 

Jorge Es que no consiento... (Todos habían & un 

tiempo.) 

Llor. (a Jorge.) Deje usted á ver. 

P. Jua. Cállense todos; tenemos que la Rosó se 

amonesta mañana. Y que ella ha dicho que 

consiente que la amonesten. 



- t>7> — 

* 

Jorge Con Lloreusó, eso mismo. 

Toni ¿Qué? ¿Que riañana se amonesta la Rosó? 

P. JüA. TÚ te Callas. (Con energía: la Rosó llora.) 

Jorge Eso es. 

Llor. Eso mismo. 

Toni ¡Batúa! 

TER. ]Pei'0 hermano! (Paraque no consienta.) 

P. Jua. ¡He dicho que aquí mando yo, y puesto que 
es deseo de las dos partes continentes, y 
puesto que no hay ningún impedimento, 
podrán casarse delante de la Virgen del 
Rosario, como es costumbre en los de esta 
casa; y si quieren mañana mismo. 

Jorge Mejor; mañana mismo. 

Llor. ¡Bien dichol 

Rosó ¡Dios míol 

Toni Pero, ¿qué es esto, qué están diciendo? ¡Ba- 

túa! 

P. Jua. ¡Qué batúa! ¡Silencio, los bueyeros aquí no 

SOn nadie! (Apartándole á Toni con rudeza.) ¿No 

es así, Jorge? 

JORGE Así mismo, ya lo Creo. (Paula también demues- 

tra estar contenía.) 
P. JUA. (Conteniendo con dificultad á Toni.) ¿Conque es- 

tás conforme con que sea mañana, Llorensó? 

Llor. Sí, señor, mañana. 

P. Jua. (nominando a todos.) Pues prosigamos: ya ves 
Rosó, que va á acabarse todo. Levanta la 
cabeza, hija mía. Mañana por la noche, al 
pie de la Virgen de tu casa, te uniré á Llo- 
rensó para siempre, (sollozos de ella.) 

Toni (a media voz.) Y yo me colgaré de un árbol. 

P. Jua. (Deteniendo á Toni.) Conque di, hija mía, 
quieres casarte con Llorensó? ¿Le quie- 
res tú? 

Rosó ¡Lo que yo quiero es llorar, y que me dejen V\ 

llorar! (Golpeando el suelo con los pies.) Lo que yo \/ 

digo es que me desesperan y que todos me 
dan rabia, y que yo no digo nada á nadie. 

PONÍ (Acercándole á ella, pero sin que le suelte el Padre 

juanico.) ¿Que tú te casas con él, Rosó? ¿Has 
dicho que te casarás? 

ROSÓ (Desprendiéndose de les que la sujetan y llorando 

desesperada.) ¡Déjame, déjame, todos me mar- 

5 



— 66 — 

tirizais! (Pegáüdole á Toni. Todos hablan á la vez.) 

Jorge Pero si ya está listo el asunto. 

Toni Pues yo me voy de aquí para siempre. Y á 

eso me voy, á morirme. (Llorando.) 
Rosó No, no, Toni... 

P. Jua. (i»omin>mdo a todos.) Todo el mundo quieto, y 

apartarse. (Conteniendo á Toni para que no se vaya.) 

Sí, Rosó; jque se vaya Toni, que se vaya! y 
que no le veas ya nunca. 
ROSÓ Ño, digo que no. (Golpeando con los pies en el 

suelo.) 

P. Jua. ¡Pero si tú ya tienes á Llorensó, si te casas 

con él! 
Llor. (Acercándose á ella.) Si me quieres á rrí. 

Rosó No, á tí no; no te quiero á tí. (Acercándose á 

Toni.) ¡Yo á quien quiero es á Toni, le quie- 
ro y le quiero! 

P. JlJA. (Llorando de alegría y arrojsndo de un empujón á 

Toni en los brazos de la Rosó.) ¡Anda borricote, 

anda y despierta! 
Roso Toni, ¡sí que te quiero! [á él le quiero! ¡y me 

quiero casar con Toni, porque es mi Toni! 

(t- do esto interrumpido por el bullicio de los demás.) 

Jorge ¡Grandísimo tunante, fuera d; casa, á servir 

al rey, que no te pago la redención! 

Tcni ¡Mi redondón! Si mi redención es ella que 

me quiere. ¿A ver quién me la quita? ¿Quién 
me la quita? 

LLOR. Yo, quitándote la vida. (Todos contienen á Lló- 

rense y Toni.) 

Toni ¡Prueba! 

Jorge ¡Rosó, hija mía! 

Rosó ¡No, usted no; el señor párroco! (se deja caer 

en los brazos del Padre Juanico.) 

P. Jua. ¡Sí, á mí, á mí! ¡Yo te defiendo! ¡Yo la de- 
fiendo! (Llorando satisfecho y sosteniéndola.) 



FIN DEL ACTO SEGUNDO 



ACTO TERCERO 



Interior de la masía. Puerta eu segundo término izquierda. Cupillita 
cerrada, en segundo término derecha. En la capilla, candeleros 
con velas, atril con libro, etc., etc. Puerta al foro y pasillo largo. 
Ventana con vidrieras en el foro izquierda. Mesa de nogal, sillas 
<le baqueta, etc., etc. 



ESCENA PRIMERA 



JORGE, sentado y cabizbajo. PAULA entra por el foro. 

Paula ¿Qué haces aquí tan solo y tan cabizbajo? 

Jorge Te digo que hemos tenido una fiesta de la 

Virgen... muy divertida; muy divertida. 

Paula Menos divertida ha sido para los mucha- 

chos la fiesta de San Francisco, porque no 
la han celebrado. * 

Jorge ¡Mucho me importan á mí los santos! ¡Para 

santos estoy ahora! 

Paula Es que yo no lo digo por los santos. Yo es- 

toy pensando en la Teresona. ¡Si hubieras 
visto con qué rabia me clavaba los ojos en 
la misa mayor! Y yo, mira, así; ensanchán- 
dome las faldas para que se muera de rabia. 

(Jorge está distraído con la cabeza baja. Paula le grita 

ai oído.) ¡Para que se muera de rabia! 
Jorge ¡Sí, para eso estamos, con lo que nos pasa! 

Ensancha, ensancha las faldas. 
Paula Todo se arreglará, hombre. 
Jorge ¡Que todo se arreglara! ¡Sí, sí! Llorensó me 

ha dicho que está resuelto á hacer algo son- 



— 68 — 

* tra el Toni ó contra la Rosó. Y que si na- 
que se vuelve á marchar. Conque si él se va,„ 
mira, mira cómo queda todo en Mas-Roser. 

Paula ¡Si hubiera sido hijo mío, de otra manera le 

hubiese criado yo! Y di, ¿crees tú que Toni 
se fué ya del pueblo? 

Jorge ¡Qué ha de haberse ido si esta misma tarde 

le han visto rondando por aquí cerca! Pero 
Toni, no me apura, que ya le amansarán en 
el cuartel. 

Paula Lo que conviene es que no hable más con 

la Rosó. 

Jorge ¿Qué ce figuras, que Llorensó se duerme en 

las pajas? ¿sabes dónde está ahora? Pues ha 
ido de mi parte, de parte del alcalde, á de- 
cir á los guardias que Toni va á desertar, y 
así, que lo prendan y se lo lleven. 

Paula ¡Eso sí que me da alegría; que se yaya To- 

ni!... Pero ¿y si le pagase la redención el se- 
ñor párroco? 

Jorge Si tuviese dinero, ya lo habría hecho; «ino 

que el hombre está más pelado que una ra- 
ta. Como nosotros; ¡y esto sí que me apura 
y me desespera! ¡Qué no haría yo, aunque 
fuera un disparate, para quitarme de enci- 
ma tanta gente! 

Paula ¿Qué? ¿Han vuelto los de las escrituras y los 

de los pagarés? 

Jorge Han vuelto, y por eso me salí tan aprisa de- 

misa mayor. 

Paula ¿Y cómo han quedado ellos? 

Jorge Como que ven que se deshace ]a boda..- 

¡figúrate tú! Yo Les he jurado y vuelto á ju- 
rar que no hay nada perdido; que el casa- 
miento es cosa hecha... ¡y lo será! 

Paula ¿Y eHos te han creído? 

Jorge (Furioso.) ¡Qué sé yo si me han creído! ¡Qué 

bestia eres y qué preguntas me estás ha- 
ciendo! 

Paula ¿Sabes lo que yo pienso? Que Teresona les 

está pinchando. 

Jorge Y lo que yo pienso,' es que ese casamiento- 

tiene que hacerse, porque si no la casa se 
hunde; es decir, la casa y los bienes de la 



— 69 — 

Rosó, están á salvo; porque como los empe- 
ños fon contra ley, resulta, según me dice 
el abogado, que lo que aquí se debe no lo 
debe ella. Nosotros somos los que nos hun- 
dimos. 

Paula No me asustes. 

Jorge No hay más: si no se hace el casamiento, 

voy á presidio. 

Paula Pero ¿qué dices? ¡Jesús, qué escándalo en el 

pueblo! | Pobre de mí! ¡Lo que haría conmi- 
go la Teresonal 

■JORGE (Paseándose y mirando el reloj.) Ya vendrá pron- 

to el Padre Juanico. No sé cómo delante de 
él me contengo. 

Paula ¿Lo ha dicho él que quería verte? Puede que 

esté arrepentido de lo de ayer. 

■Jorge No me apures la paciencia, y vete que ten- 

go que estar tranquilo para recibir á ese 
, hombre. 

Paul* Ya está aquí. 



ESCENA II 

•PAULA, JORÍjE y el PADRE JUANICO, que viene por el corredor 

Jorge Mejor; así acabaremos más pronto. 

P. Jua. Buenas tardes. 

Jorge Muy buenas. 

P. Jua. Me han dicho abajo que me esperaban us- 
tedes en esta sala. 

Jorge Sí, señor; he pensado que aquí estaríamos 

mejor. 

Paula Tome asiento. 

P. Jüa. (a jorge.) Y usted siéntese también. _ 

Jorge Pues sentémonos. Conque usted dirá, (paula 

se ha sentado algo apartada.) 

P. Jua. Sí que diré. Diré, que después de lo que pa- 
só ayer tarde, como yo hubiese podido y á 
ser yo amo y señor de Mas-Roser ó de usted 
y su hijo, dejan en el acto esta casa, ó sale 
de ella la Rosó para no tener á ustedes á su 
lado. Pero como yo no soy aquí nada, por 
desgracia... 



- 70 — 

Jorge En eso lleva usted razón. Usted aquí no es 

nadie y no por desgracia, sino por suerte. 

(Tratando de reprimirse.) Y e» claro, CODJO á mí 

me ampara la ley y me ampara la fuerza, 
usted consideró más prudente marcharse de 
esta casa, después de habernos dicho algu- 
nas cosas... que no sé... no sé cómo las su- 
frimos mi hijo y yo. 
P. Jua. Es verdad, me marché; pero hoy, al oficiar 
en la misa mayor, delante de todo el pue- 
blo y al pie de aquella imagen que hoy mis- 
mo ha de volver á esa capilla inmaculada,, 
le pedí de rodillas á la Virgen que ilumina- 
se mi alma y que amparase á esa pobre 
niña. Y la Virgen me ha escuchado, me ha 
infundido valor y me ordena que aplaste y 
destruya la perversidad y la infamia de los 

hombres. (El Padre Juanico se levanta solemnemen- 
te al decir las últimas palabras.) 

(se levanta también.) Señor rector, usted 'me in- 
sulta, y me insulta en mi propia casa. 
Yo no insulto, digo lo que debo decir: la 
perversidad y la infamia de los hombres. 
Cálmate, Jorge. Que explique, á ver lo que 
quiere decir. 

Pues voy á decirlo ahora mismo. Es preciso 
que la Rosó se case, y con el consentimiento 
de las dos partes vengo á pedir en matrimo- 
nio á la Rosó para Toni. 
(volviendo á levantarse) Señor rector, hemos 
acabado. 
Sí, señor, sí. 

Usted habrá acabado conmigo; pero yo no 
he acabado todavía con usted, (sic levantarse.) 
Parece mentira que haya usted tenido valor 
para proponerme lo que me ha propuesto. 
Antes me peguen un tiro que yo consienta 
en ello, (pequeña pausa.) Y le advierto á usted 
que pronto va usted á acabar de ser párroco 
de este pueblo. 

Paula (a Jorge.) No te acalores, hombre. 

P. Jua. Mire usted, Jorge, que sea yo rector de este 
pueblo ó que no lo sea, la Rosó no será nun- 
ca mujer de su hijo de usted... No lo será 
mientras yo viva. 



Jorge 
P. Jua. 
Paula 
P. Jua. 

Jorge 

Paula 
P. Jua. 

Jorge 



— 74 — 

^orge Es que la vida Dios la tiene. 

P. Jua Pues yo por ahora no puedo morir, ni mori- 

ré hasta que ella sea feliz. 

JORGE (Va á replicar, pero se detiene y se desespera.) Y yo 

que he traído á este hombre al pueblo, 
¡yo mismo! Pero, señor rector, si ella ha de 
ser muy feliz con mi hijo. ¡Si no hay otro 
remedio más que éste! ¡Mire usted que me 
desespero! ¡Mire usted que me vuelvo locol 

(Tapándose la cara con las manos.) 

P. Jua. Es que no son ustedes y la Paula los únicos 
que disponen de esa criatura. Otras personas 
se nombran en el testamento de su madre 
que tienen la obligación de velar por la 
Rosó. Y ahora soy yo quien le digo á usted 

que hemos concluido. (Echa á andar para irse.) 

Paula ¡Jorge, que se val 

Jorge ¡Escuche usted, señor rector; por lo que más 

quiera, escúcheme! Voy á abrirle á usted mi 
corazón, á ver si puedo convencerle. 

P.Jua. No me convence usted; pero hable usted, 
que dispuesto estoy á oirle. 

Jorge No me atreví á decírselo á usted, porque me 

daba mucha pena; pero sepa usted, señor 
rector, que esta casa, la casa de la Rosó, está 
acabando, (ei Padre Juanico se rie.) Cuando 
murió la Inés y vinimos á hacernos cargo de 
todo esto, ¡créame usted!, no encontramos 
más que deudas. No ha habido manera de 
volver lo prestado; los pagarés han ido cre- 
ciendo con los intereses, ¿entiende usted?, y 
los acreedores ya no esperan más. En fin, 
que por culpa de los padres de Inés, la casa 
se hunde. 

P. Jua . ¡ Ah, ]»¿U<mtaP , ' 1H U id 1 U . ! (jorge se levanta aterrado 

y con él Paula.) ¿Conque fueron los padres de 
Inés los que desmoronaron la masía? ¿Y pi- 
cardía semejante Jd atreveV*á decírmela á 
mí en esta sala, delante de ese altar, donde 
se casó la Inés con el hermano de tu mujer? 
¿Pues no sabemos que aquel hombre no te- 
nía un palmo de tierra suyo para cavarse la 
fosa, y que engañó como un tunante á los 
padres de Inés, fingiendo riquezas? ¿Pues 



— 72 



Jorge 

P. JUA. 



Paula 
P. Jija. 



Paula 
P. Jua. 



Paula 
Jorge 



Paula 
Jorge 



Paula 



no sabemos que los de esta casa con el su- 
dor de su frente se habían hecho ricos, y 
que tenían tantas onzas de oro que con ellas 
en fila podían, dar la vuelta a esa era de en- 
frente, que «M*su orgullo? 
Eso no debía ser verdad; ó no las tenían ó 
las perdieron. 

(yendo furioso hacia jorge.) ¿Que mentía el pa- 
dre de Inés? ¿Que él fué el que perdió el 
caudal? (Jorge se encoge aterrado y se desploma en 
una silla.) 

cfenor rector... Contéstale, Jorge. 
No sé cómo me contengo al oirle. Usted es 
quien todo lo ha robado y ha perdido en el 
juego, todo lo de esta casa. Usted y su hijo. 
Usted es el que ha tomado dinero á présta- 
mo y el que ha firmado pagarés y el que ha 
ido trampa adelante, llenándolo todo de mi- 
seria, que ahora le está ahogando; y como 
quiere usted salvarse, y como no puede us- 
ted acudir á las arcas, que ya están vacías, 
ni á las tierras, que están empeñadas; ni á 
los bosques, que están talados, hace usted 
presa en ese ángel de Dios para que le dé á 
usted lo único que le queda, el alma, y el 
cuerpo y la felicidad y todo. 
Jorge, Jorge, ¿no lo has oído? /Por qué ca- 
llas? 

Usted piensa que está abandonada ésa cria- 
tura, pero ni lo está ni lo estará nunca, que 
Dios no abandona jamás á los suyos; y Dios 
y la Virgen la sostienen y la guardan, vaya 

SÍ la guardan. (Se vapor el corredor ) 

Que se va, Jorge; mírale, que se va. 
Bueno, que se yaya. Xp«.,. me quedo y vere- 
mos quién gana al fin. Ya has oído, quiere 
que los otros tutores de la chica nos la 
quiten. 

¡Ay, Virgen Santísima! 
El golpe hay que pararlo. Hoy mismo, en 
cuanto nos traigan ¿ la Virgen, nos lleva- 
mos de aquí á la Kosó. Como te lo digo, la 
chica, Llorensó y nosotros; pero chitón. 
Pero si no tengo nada dispuesto. 



Jorge Si no todo está perdido. Esta noche á la ciu- 
dad. 
Paula Atiende. Es que yo... 



ESCENA III 

ROSO, CLIMENTA, FELIPA, PASCUALA y otras MOZAS. Cada una 
cuando lo indique el diálogo' 

Clim . (viene con Felipa por el foro.) Ave María, que em- 

pujón me ha dado la Pascuala. 

Fel. ¿Has oído lo que Jorge iba diciendo? Que se 

Jlevan á la Rosó. 

Clim. Pues yo creo que la Rosó no lo sabe. 

Fel. ¿No suben las otras? 

Clim . Claro que suben, sino que están entreteni- 

das con la Rosó. Están consolándola, porque 
ella está llorando y llorando. Quién había 
de figurarse que quisiese al Toni con tanta 
fuerza. 

PAS (Llegando por el foro.) Chicas, chicas, he visto 

al Toni. 

Fel. Si dicen que se ha marchado. 

Pas Os digo que le he visto entre los árboles de 

junto al cobertizo. 

Clim. Pues los guardias le buscan para prenderle. 

Virgen Santísima, si leven. 

Fel. No hay que decir nada a la Rosó, que ten- 

drá mucha pena. 

Clim . ¿Sabéis que los muchachos están furiosos 

contra Llórense porque no le pagan la re- 
dención al Toni? 

Fel. ¡Pobres muchachos! 

Pas. Callaos, que viene la Rosó. ' -■ 

Rosó No os calléis, no, que quiero saber lo que 

estabais diciendo. 

Fel. Nada, mujer, nada, que ya sabemos que te 

vas á Barcelona hoy mismo con tu tío Jorge. 

Rosó ¡Que me llevan á Barcelona! 

Clim . Vaya, chica, déjate de esas cosas que ahora 

tenemos que a justar las cuentas y después 
tenemos que traer á la Virgen. 

Rosó ¡Ay, sí, hay que traerla! Bien la echo de me- 



Pas. 

Roso 

Fel. 

Rosó 

Fel. 

Otras 

Rosó 



F.s. 

Rosó 
Fel. 



Rosó 

Pas. 

Rosó 

Fel. 
Rosó 



nos en ese altar. En estando ella en el altar 
y en estando yo al ladito de la Virgen, no 
temo que me pase nada malo; pero, decid- 
me, ¿se ha ido ya Toni? 

(Todas la hacen señas para quecalle.) Yo qué sé...yO 

no sé nada... tú verás... Ea, ahora Jas cuentas. 

(a Felipa.) ¿Tú sabes algo del Toni? 

Hija, yo no sé nada. 

Si Toni se va, yo quiero morirme. 

¡Las cuentas, las cuentas! 

(Enfadada porque quieren distraerla.) ¡Sí, SÍ, me 
moriré! (l as muchachas hablan á su alrededor para 
distraerla.) 

¡Piensa en la Virgen, mujer! ¡Con qué ale- 
gría vamos á traerla! 
Yo no puedo estar alegre. 
Sí, chica, ya verás; con la Virgen vendrá el 
señor párroco, y detrás la música de las dan- 
zas. Y luego rezaremos delante de ella, y 
luego el señor rector bendecirá los bosques 
y los sembrados, y luego todos escalera arri- 
ba acompañamos á la Virgen, hasta dejarla 
en su altar. 

Ya lo sé, sí, ya lo sé; pero es que el Toni no 
estará como el año pasado, junto á mí, para 
que lo bendigan á mi ladito! Y mientras 
riendo los dos y mirándonos los dos. (Rompe 

el llanto.) 

(naciendo ruido de monedas en el bolsillo.) ¡Las 

cuentas! ¡Que hemos de arreglar las cuen- 
tas! (Todas rodean á Rosó para distraerla, llevándola 
cariñosamente hacia la mesa.) 
(Dejándose llevar y rabiando como una chiquilla.) Que 

sí, os digo que me moriré de pena y de ra- 
bia, y cnanto más riáis, más me moriré... de 
eso; de pena y de rabia. 

(Haciendo la graciosa para distraerla.) Hija, no lo 

tomes de esa manera, (rosó sigue sollozando ) 

¿Pero qué sacas con desesperarte? 

Ea, vamos á las cuentas de la Virgen y á 

pagar lo que Se deba; (Corriendo á la mesa con 

gran excitación.) la libreta de las cuentas está 
aquí dentro. 



— 75 — 

Pas. ¡PobreciJla! 

Rosó (sacando objetos del cajón.) Aquí está; y esto tam- 

bién, el lápiz. (Aparte.) ¡Ay, qué angustia! 

Clim. Yo iré apuntando. 

Fel. No, que apunte la Rosó, que así se distraerá 

la pobre. 

Pas. Apunta tú. Rosó. 

Rosó (Nerviosa.) Bueno, pues, yo apuntaré. Aquí 

está el dinero que han ido echando en el 
cepillo durante todo el año... y tenemos... 
tenemos... 

Fel. No lo cuentes, yo sé cuanto hay. Hay cua- 

renta y siete pesetas... y un poco de calde- 
rilla. 

Pas . (sacando dinero del bolsillo.) Y tres pesetas, vein 

tidos céntimos de las limosnas de hoy. 

Clím. Ahora se ha de poner en la libreta todo lo 

que se ha gastado, lo que nos cuesta la misa 
mayor... y todo lo demás. 

Fel. Escribe tú, Rosó. 

ROSÓ Bueno. (Coge el lápiz.) 

Clim . Vé poniendo: por docena y media de cirios... 

de esos, de los gruesos y largos... 
Fel. Se llaman blandones. 

Rosó Que escriba otra, que yo ni veo las letras. 

Clim . Dejadme, que yo probaré á escribir. (Escribe.) 

Pues si esto no cuesta nada: docena y media 

de cirios. 
Fel. (Mirando lo que escribe.) Si no pones ninguna 

letra. 
Clim. Pongo... lo que tengo que poner, docena y 

media de palotes gordos y largos, que hacen 

de cirios gordos y largos. 
Fel. Se llaman blandones. 

Clim. Ea, que no acabamos. 



ESCENA IV 

DICHAS y TONI, que viene por la puerta izquierda segunda 

Pas. ¡María Santísima, el Toni! 

Rosó ¿Dónde está? 

Toni ¡Rosó! 



— 76 — 

Rosó Toili... Toni... (Se quedan parados uno frente al 

otro como avergonzados. Sorpresa de las muchachas.) 

Fel. ¡Ay, Dios mío! ¡Si le han visto! 

•Clim. Que te quieren prender, porque dicen que 

vas á desertar. 

Toni No me ha visto entrar nadie. Hice saltar la 

aldaba de la puerta vieja. (Las muchachas me- 
ten mucho ruido hablando entra sí.) 

Rosó Por el amor de Dios, que no le oigan. 

Fel. No tengas miedo, ya vigilaremos nosotras. 

€lim. Sí, vamos á fuera. 

PaS. Que no suba nadie... (Muy rápido corre de una 

parte á otra de la escena, desapareciendo por ambos 
lados del corredor, como dispuestas á vigilar. Pausa.) 



ESCENA V 

ROSO, TONI 

Rosó Toni... Toni... ¿no me dices nada? 

Toni Sí que te digo, que vengo á despedirme de 

Rosó. 

Rosó No; eso, no. Yo no quiero que te vayas. 

Toni ¡Qué remedio! ... Y gracias á que no me han 

visto; que si me ven no me dejan entrar. 
¡Mira tú que no poder entrar en esta casa, 
yo, que soy el hijo de tu nodriza! 

Rosó Toni... yo no me casaré nunca con Lloren- 

SÓ, ¿Oyes? (lilla llora y é! también.) No llores, 

pobrecillo. Toni, no llores. ¿Lo has oído? 
Aunque me maten no me casaría con él. 

Toni ¿Y si te arrastran por los pelos? ¿Y si te en- 

cierran en un cuarto obscuro? ¿Y si te hacen 
padecer mucho, mucho? 

Rosó Pues aunque hagan todo eso, no le querré y 

no le querré. 

Toni Es que ya dijiste una vez que sí le querrías. 

Y quién sabe si volverás á decirlo otra vez, 
y como entonces no estaré yo aquí... ahí 
tienes. 

Rosó Dije que sí porque yo no pensaba que te 

quería á tí como te quiero. Yo pensaba que 



— 77 — 

no te quería reas que para hacerte rabiar. 
Nada más que para eso. 

Toni (insistiendo.) Pues tú has dicho una vez que sí. 

Rosó Bueno, no me lo repitas, que eres más to- 

zudo... 

Toni ¿Yo soy tozudo? ¿yo? ¡Batúa! 

Rosó Sí, lo eres. (Le da lastima.) Vamos, un poquito 

tozudo. Pero ya viste cómo esa vez que di- 
ces yo miraba al señor rector para que me 
ayudase. Y como entonces me ayudó, me 
ayudará siempre. 

Toni ¿Y si se muriese el señor rector, quién te 

ayudaría? 

Rosó ]Ay, Toni; yo no sé! Pero lo que te digo es 

que yo no he de engañarte nunca. Porque, 
oye, Toni, hasta ayer tarde yo no era más 
que una chiquilla; pero ellos han querido 
que sea una moza... de esas que ya se casan. 
Y lo soy y lo seré; una moza grande, y siem- 
pre estaré muy seria y hasta que vuelvas no 
me río ya más. ¡Pero yo no quiero que te 
vayasl 

Toni Ni yo quiero irme tampoco; sino que no 

tengo dinero para redimirme, ni lo tiene el 
señor párroco ni nadie; como que yo creo 
que el dinero se ha acabado en este mundo. 

Rosó No digas esas cosas que me haces llorar; no 

te veo y quiero verte, que pronto no te veré 
más. (Restregándose 1( s ojos.) 

Toni Oye Rosó, yo quisiera abrazarte. . aquí con- 

tra mi pecho. 

Rosó No, hijito; no me atrevo. 

Toni Como cuando éramos pequeños, Rosó, ¿sa- 

bes? COmO entonces. (Apartándose.) 

Rosó Es que ya no somos pequeños. 

Toni (Abriendo los brazos.) Rosó, que pronto no es- 

taré aquí... que no me verás. 
Rosó No, Toni, no puede ser... que estamos solos 

y es pecado. (Dice esto procurando soltarse, porque 
Toni le habla cogido una mano.) 

Toni (soltándola.) |Mira tú si fuese pecado, si yo 

querría abrazarte! 
Rosó (con la cabeza baja.) No puede ser... desde ayer 

tarde te digo que no me está bien eso. 



— 78 - 

Toni Es porque tü no rae quieres como yo á ti . 

Rosó (Enfadada.) ¡Oye, tú! si no me has abrazado 

ha sido porque no has querido... porque no 
has querido con mucha voluntad. 

Toni ¿Que yo no he querido? 

Rosó No, no; como que yo pensaba que por fuer- 

za me abrazabas. 

TONI ¡Ay, ROSÓ mía! (Yendo á abrazarla y detenién- 

dose.) ¿Pero te vas á enfadar? 

ROSÓ (Enfadada.) ¡Vete enhoramala! (Al ver que Toni 

no se atreve, se precipita en sus brazos.) ¡Pues SÍ 

que me enfado! 

TOM ¡ROSÓ! (Riendo fuerte ) 

Rosó Sí, sí, me enfado, ya ves que me enfado. 

Toni ¡Rosó mía!... ¡cuánto te quiero, Rosó!... (acer- 

cándose para abrazarla. Rosó le un puñetazo en la 
cara.) 



ESCENA VI 

ROSÓ, TONI, CLIMENTA, FELIPA; PASCUALA y otras MOZAS. 
Después TERESONA con dos jarros de altar. 

Fel. ¡Que sube Jorge, que sube! 

Pas . Escóndete, Toni. 

Todas Que se esconda... que se esconda... que se 

escape... 
Clim. Nosotras hagamos como si estuviéramos 

ajustando las cuentas. 
Toni No quiero irme... no quiero, (un grupo de 

muchachas se lleva á Rosó hacia la mesa; otro gru- 
po se lleva á Toni á un rincón de la derecha.) 

Fel. Anda, Rosó, siéntate en seguida. 

Rosó Pero y Toni... (La obligan á sentarse y fingen que 

están echando las cuentas.) 

Pas. Cállate, Toni. 

Toni Que no me voy, que no quiero irme. (Las mu- 

chachas le hacen callar. Toni queaa escondido detrás 
de ellas. Todo esto muy rápido.) 

■Clim. Cirios grandes... docena y media. 

Ter. (Entra con los jarros que sacó Paula en el primer 

acto.) ¿Qué hacéis aquí? 
Fel. ¡Si es la Teresona!. . 



— 79 — 

CLIM . j La TereSOna! . . . (Todas ríen.) 

Ter. Vengo á devolver los jarros .. ¿pero qué 

pasa? (Toni se ha vuelto á acercar á la Rotó.) 

Clim. Que pensábamos que era Jorge. 

Rosó Teresona, aquí está Toni... hay que verlo 

que se hace con él. 
Toni Os digo que del pueblo no me voy. (palabras 

contradictorias de todas, que quieren salvar á Toni.) 

Ter. Déjame á mí, que yo sé lo que hago; ¿qué os 

pensáis, que he venido á traer los jarros? 
(a la rosó.) Pues he venido poique tengo que 
hablar contigo. 

Todas ¡Teresona!... la Teresona. . ¡que buena es la 

TereSOna! (Todas quieren abrazarla.) 

Ter. ¡Quietas... y á callar!... Lo que tenéis que 

hacer es ir bajando todas, porque va á venir 
Jorge. 

Rozó Y el Toni, Teresona, ¿qué hacemos de él? 

TER. (a Rosó.) Déjame, mujer. (Hablando á las demás.) 

Si no bajáis en seguida, subirán Jorge y la 
Paula para llevaros á la iglesia, porque es 
hora de ir por la Virgen... conque abajo 
todas. 

Rosó ¡Ay! sí, sí, que no suba. 

Todas Vamonos... vamos abajo... ea... vamos... sí, 
vamos. 



ESCENA VII 

ROSÓ, TERESONA y TONI 

Ter. (a rosó.) Ahora tú, escucha. (Muy rápido.) 

Toni Pero yo, ¿qué hago? 

Ter. Estarte quieto y callando. 

ROSÓ Diga USted... diga usted... (Las muchachas van 

saliendo y hablando bajo.) 

Ter. (a rosó.) Vamos deprisa, y escucha bien. 

Todo lo tenemos pensado y corriente con el 
señor párroco, ¿vas entendiendo? y que no 
te casarás sino con éste. 

Rosó ¡Ay, Dios míol 

Toni ¿Pero cómo ha de ser, si yo soy ya soldado? 

Ter. Cállate, (a rosó ) El Padre Juanico ha man- 



— So- 
dado un propio á los otros tutores y mañana 
estarán aquí. Y al señor juez de Rocablanca 
también le ha mandado un papel en que no 
sé que ha puesto, pero también estará aquí 
mañana el señor juez, y entre los tutores, el 
juez y los Tribunales, te sacan de las garras 
de esta gente. 

Rosó Pero si es que hoy mismo me llevan á Bar- 

celona, Jorge y Llorensó y Paula. 

Ter. ¡Hoy mismo! ¡Ah, tunantes! 

Toni ¿Llevarte á tí? ¡A. Llorensó lo mato! ¡Y tú, 

di que no quieres ir! 

Ter. Si no tiene aliento para nada este ángel de 

Dios. JNo hay más que un remedio; en cuan- 
to traigan la Virgen y antes de que suban la 
escalera, te escapas sin que te vea nadie y á 
la rectoría, ¿entiendes? (rosó dice que si con la 

cabeza.) 

Toni Sí, dice bien; te escapas, Rosó. 

Rosó Eso, y á la Rectoría. 

Ter. Y si no vienes, yo no sé lo que voy á hacer 

contigo. Toma, ya se oyen las campanas. 

(Se oyen las campanas que tocan repique.) 

Muchachas (Dentro.) ¡Rosó!... [Rosó!... 
Ter. Anda... ya estás lista. 

Toni Corre... pronto, Rosó. 

ROSÓ ¿Y este pobrecillo? (Tratando de ir hacia él.) 

Toni Tienes razón; nos hemos de despedir. 

TíR. (Separándolos bruscamente.) ¡Anda, anda, que yo 

me despediré por tí! (Empujando á la Rosó hacia 

la puerta del fondo.) Deprisa... deprisa... 
Rosó (Desapareciendo.) ¡Qué pena! Sin despedirnos... 

1er. (a Toni que se iba detras de la Rosó.) Ahora te 

toca á tí. 

Toni Bueno, pero yo castigaré á esos pillastres 

que se han propuesto robarme á la Rosó. 

Ter. Déjate de eso y atiéndeme. 

Toni Es que yo bastante tiempo hice el manso, 

y ahora quiero hacer un disparate. 

Ter. ¿Qué disparate? 

Toni ¡Pues romperle la cabeza al Llorensó y des- 

pués que se ría el demonio! j Y batúa todo 
el mundo! Que me den una escopeta, que 
me den un cuchillo; uno que pinche, y al 



— Sí -¿ 

primero que me encuentre se lo clavo, y lue- 
go le hago pedazos, y luego lo pateo! (Fuera 

de si, como loco.) 

Ter. (Procurando siempre interrumpirle.) Espera, hom- 

bre, ten calma. 

Toni (Fuera de sí.) Digo que le pateo, y que pateo 

los pedazos que queden, aunque después me 
lleven á Ceuta y después me den garrote y 
después me maten. 

Ter. Pero si parece que se ha vuelto loco este 

hombre. 

Toni ¡Sí, sí, tienes razón, Teresona! ¡No sé lo que 

me pasa; tienes razón! (Gimiendo.) 

Ter. Óyeme, hombre. A tí te quieren coger por 

lo de la quinta; que te han denunciado como 
prófugo. 

Ioni ¡Es que antes á Llórense!. .. 

Ter. Pero si te llevan á ser soldado, todo se ha 

perdido. 

¡Es verdad! ¿Y qué se hace? 
Te escondes. 

Eso: en casa de Silvestre. 
Y de allí no sales hasta que yo te avise. 
Pues en seguida. 

Espera: yo miraré primero, si hay alguien 
abajo. 

Toni No; me voy por donde he venido; por de- 

trás de la casa. 

Ter. Yo, por aquí. (Se dirige al fondo.) 

Toni Pues, andando. (Se dirige á la puerta de la Iz- 

quierda.) 



ESCENA VHI 

TERESONA, TONI y LLORENSÓ, que viene por la Izquierda. Hace 
rato que empezó á obscurecer. 

(Cortando el paso á Toni.) ¡No, por aquí no, que 

aquí estoy yo! 

¡Ah, eres tú! ¡Si tú supieras qué alegría me 
da encontrarte! 

¡Dio» mío! (Llorensó cierra la puerta de la Izquier- 
da y se mete la llave en el bolsillo.) 

6 



— 82 — 

TqmI Si no es menester que cierres; si es que 

ahora no tengo ganas de irme. 
Ter. (a. Toni.) Pero si con la procesión vienen los 

civiles; 
Toni (Burlándose.) Pero ¿quién lo deja ahora á éste? 

Ter. ¡Llórense, por el amor de Diosl 

Llor. Vayase usted fuera. 

Toni ¡Eso! Vayase usted. 

LLOR. (Poniéndose delante de la puerta del foro.) Pero Sola, 

porque á éste le guardo yo. 

Toni (Riendo con burla.) Sí, sola, sola. Porque él me 

guarda á mí. ¡Pero á ver cómo te las arreglas 
para guardarme, porque, si se me antoja, 
aquí mismo te hago pedazosl Y si me pare- 
ce mejor, te tiro por la ventana para que te 
estrelles como un perro contra las piedras 
de la era. 

Tkr. (a Toni.) Vamos, hombre, por Dios, ten 

calma. 

Llor. Lo que lia de hacer usted es aconsejar á ese 

simplón que se presente ahora mismo á los 
civiles, para que vean que no es prófugo. 

Toni Y para que me lleven, ¿verdad? 

LLOR. (Mirando hacia la ventana y aparte.) Hay que ga- 

nar tiempo hasta que vengan. 

Toni Es que ya se me ha caído la venda de los 

ojos. (Liorensó se ríe.) Y te veo como eres; co- 
mo un ladrón y como un asesino. ¡Ladrón 
de la Rosó! Eso; ladrón y asesino y bestia. 

(Acercándose á Liorensó.) 

Ter. ¡Por Dios, Toni! 

LLOR. Calma, calma. (Mirando hacia la ventana.) 

Toni Pero no será tu mujer, porque yo no quiero 

que lo sea, y porque antes te mataría. 

Llok. ¡No hables de matar, porque yo!... (contenién- 

dose rabioso.) 

Toni ¡Tú! ¿Qué, vamos á ver, qué? ¡Si no te mue- 

ves porque me tienes miedo! 
Llor. ¡Miedo á tí! 

Ter. ¡Ay, si viene la Rosó! (Aparte.) 

Toni ¡Porque eres un cobarde! ¡Cobarde! (se acerca 

á Liorensó, que retrocede conleniéndoso.) 

Llor. No te acerques, porque si te acercas... (Me- 

tiendo una mano en el bolsillo.) 



— 83 - 

Toni (Burlándose.) ¿Traes arma? |Ah, valiente! 

Llor Traigo lo que traigo; pero si te acercas te 

abraso. (Llorensó no llega á sacar el arma.) 
Ter. |Ya vienen! (Va obscureciendo.) 

Toni | No sacarás el arma! 

Llor. Contra tí no me hace falta. 

Toni Pues á mí menos. ¡Al suelo! ¡Al suelo! (caen 

luchando. Llorensó debajo.) 

Ter. |Ah! ¡Que se matan! ¡Socorro! ¡Que se ma- 

tan! (Huye por la puerta del foro gritando.) 
Toni ¡Ah, canalla! 

Llor. Aquí... pronto... 

Toni No te vale... ¡No vendrá nadie, nadie!... (En 

este momento se oye entrar en la era la comitiva de 
la Virgen. Se percibe la música, pero suavemente, y 
así como rumor de oraciones. Los vibrios de la ventana 
se iluminan con el resplandor de las luces de la proce- 
sión.) 

Llor. (Medio ahógalo.) ¡La Virgen!... ¡La Virgen!... 

(Repique de campanas.) 

Toni ¡Ah, la Virgen! ¡Ella te salva! ¡Ella te salva! 

(Levantándose del suelo.) 

Llor. Ya llegan. 

Toni Levántate, Llorensó, y que Dios te perdone 

como yo te perdono. 
Llor. ¡Rayo de Dios, que él me perdona! (se levanta 

también tambaleándose. Crece el ruido exterior y el 
resplandor de la ventana.) 
TONI (Corriendo á la puerta cerrada de la izquierda.) Ya 

están aquí; ahora yo me escapo. (Abre la puer- 
ta con la llave.) 

Llor. ¡No, no te escapasl (interponiéndose.) 

Toni ¡Que te he perdonado la vida. 

Llor. Pues yo no te peí dono, y no sales. 

Toni ¡Llorensó!. 



*, 84 



ESCENA IX 

TONI, LLORENSÓ, ROSÓ y TERESONA. Las últimas vienen por el 

foro muy aprisa. Rumor creciente; poco á poco se va iluminando el 

fondo del corredor. 



Rosó 

TONI 

Llor. 
Rosó 
Toni 
Rosó 

r^LLOR. 

Rosó 

1 

Toni 
Llor. 




(Desde el corredor.) ¡Tonil ¡LlorenSÓl (Al verlos.) 
¿Qué pasa aquí? 

(Corriendo á ella.) ¡R0SÓ1 

(Corriendo también hacia ella.) ¡RoSÓl 

Que ya suben todos. ¡Vete, Toni! 

Pues solo no me voy. Contigo. 

Pue_s_vamos. 

¡Que'pase quien se atreva! 

¡No, Toni! (r.os primeros de la comitiva aparecen en 
en el fondo del corredor; va delante el Padre Juanico, 
y le siguen Jorge y Paula.) 

Vamos. 
Atrás, ó tiro. 



ESCENA X 



i 



ROSÓ, TERESONA, TONI, LLORENSÓ, PADRE JUANICO, JORGE 

PAULA, CLIMENTA, PASCUALA, FELIPA, LUCAS, SILVESTRE 

HILARIO, MATÍAS, HOMBRES y MUJERES. Las mujeres traen en 

las andas á la Virgen del Rosario; los demás con velas. 

■ 

(Penetrando en la escena.) ¿Qué vas á hacer, Llo- 

rensó? . - , M , :,..„.. . n l „ rifrr ,. llil l 

(Apuntando con la pistola.) ¡A. TóTÍil V 
-i Nol (Cu l nicaJ ó lr 1 c ' nn nu o n n rpc i ) - — -^ 

¡Que se escape ahora! (Tira.) 

¡Ah! 

¡Mira á quién has matado, mira! 

(A la gente que está en el corredor.) ¡No entréis! 
(Como la lucha ha sido en la parte izquierda de la es- 
cena, desde el corredor no han podido ver quién ha 
disparado el revólver. Sólo lo han visto Jorge, Paula, 
Hilario, Rosó y TonL) <v 



P. JUA. 

iTtORT 
P. tl UA- 

Llor. 
Todos 
Toni 
Paula 






W 88 - 

Llor.- - (Merraao ) ¿A; usted?... ¿Yo?... ¿A usted?... 

Rosó Señor rector .. Señor rector... 

Jorge ¡Dios mío, y has sido tú! (a Llórense.) < "" 

P. JuA. (Poniéndose la mano en el pecho y sacándola mancha- 

da de sangre.) No, no ha- sido nada... pues 

liada... (Aparte y á media voz á Llórense.) Has que- 
rido matar á un compañero, á un hermano 
tuyo, y has hecho eso cuando la Virgen ve- 
nía de fiesta á esta casa. 

LLOR. ¡Perdón! ¡Perdón! (El Padre Juanico va á caer.) 

Rosó ¡Señor rector! Venid... pronto... 

Ter. ¡Hermano! (La gente de la comitiva con la Virgen 

entran ya en escena.) 

Hil. ¡Juanico! 

Rosó (a Toni.) ¡Se está muriendo! . 



< ' . .JUÁV (Oyendo lo que ha dicho la Rosó.) ¿Que me estoy 

muriendo? ¡No lo creáis! ¡Yo no os puedo 

rlppr finios! (Mirando tí l ?ñ fl nfl| ) ¡No 1 j 1 ^' 



\ 






Rosó ¡Madre mía! (sollozando.) y 

P. Jua. Sí, dices bien; tu madre, que nos mira á to- 
dos, y á mí... (Apoyándose en Rosó.) Ven... ven... 
aquí... mág... (Andando penosamente apoyado en 
Rosó y Teresoua hasta llegar al pie de la Virgen.) ¡El 

Toni! ¿Dónde está el Toni?... ¡Toni! (Toni se 

acerca.) ¡Aquí... de rodillas!. .. (Ellos no lo entien- 
den.) ¡Tú... y ella! (con energía.) ¡Aprisa, aprisa! 

Rosó ¡Ay, Virgen Santísiraal 

P. Jua. (con maje&tad ) Toni, Toni, ¿quieres tú á la 
Rosó? 

Es que yo... 
Padre, Dios lo quiere. 

(Irguiéñdose é imponiéndose á todos!) Toñí, ¿qi 

res tú á la Rosó por esposa tuya? 
Toni (conmovido.) Sí, padre. - 

P. Jua. Y tú, Rosó, ¿quieres por esposo tuyo al 

Toni? 
Rosó Sí, padre. 

P. JuA. (Cogiendo las manos de los dos y uniéndolas, pero se 

tambalea.) Y yo, en nombre del Dios omnipo- 
tente, para siempre os uno, en el nombre 
del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. 

Llor. (ai Padre Juanico.) ¡Padre, perdón! 

P. Jua. (En voz alta.) ¡Pero si he sido yo! ¡Yo me he 

herido!... ¡ Y » U3 Í 01B t » ! (Se abraza. á Llgreuso y le 



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había en tob bsja.) ¡I-nferií, vé á ser soldado por 
Toni! Yo te perdono. 

Ter. ¡Hermano! 

Rosó ¡Padrel (Padre! (El Padre Juanico, al oiría, se in- 

corpora, sonríe dulcemente, pone los labios en la fren- 
te de Rosó y cao muerto con la cara alegre.) 

TODOS ¡Muerto! (Todos caen de rodillas.) 

Toni ¡Que Dios le tenga en el cielo! 

Rosó ¡Con mi madre! 



FIN DEL DRAMA 



ARCIIIVO Y COriSTERLY MUSICAL 

PARA GRANDE Y PEQUEÑA ORQUESTA 



PKOPIEDAD DE 



FLORENCIO FISCOWICH, EDITOR 



Habiendo adquirido do un gran número de nuestros m.» 
jorea .Maestros Compositores, la propiedad dul derecho da 
reproducir los papeles de orquesta necesarios á la represen- 
tación y ejecución de sus obras musicales, hay un cumpl-íto 
surtido de instrumentales que se detallan en Catalogo sepa- 
rado a disposición de las Empresas. 



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